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Una carrera para los atletas de alto rendimiento

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Para superar marcas olímpicas y romper récords, mundiales, un atleta de alto rendimiento necesita sus dos piernas en un nivel óptimo de formas y en perfecta sincronía. En el modelo mixto de educación superior, las dos piernas del atleta son el sector oficial y el privado. En el esfuerzo conjunto por aumentar la cobertura en educación superior, es vital fortalecer los dos pilares que lo sustentan.

No pareciera lógico pedirle al atleta que ejercite solo una de las piernas y que pierda la masa muscular desarrollada en la otra, cuando la meta del gobierno la meta del gobierno es generar 500 mil nuevos cupos en los próximos tres años; y esta es solo la carrera de 100 metros planos, el reto inmediato. Menos lógico resulta conquistar la maratón que implica el Proyecto de Ley Estatutaria de la Progresividad para garantizar el derecho a la educación superior en un plazo de 20 años. allí se necesitan ambas piernas.

El sistema mixto funciona y da resultados. Las cifras del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) muestran que entre 2012 y 2022 la cobertura en pregrado pasó de 44% a 55%. La matrícula oficial aumento de 1’017.138 a ´1’341.339 estudiantes y la privada de 912.449 a 1’124. 889 estudiantes, un crecimiento del 23%.

Bienvenidas las reformas, pero no en detrimento del sistema mixto. El marchitamiento programado del Icetex, incluido en el articulado de reforma a la Ley 30 que propone el gobierno, no parece ser un buen mensaje, al menos sin dar cabida a otro tipo de ayudas financieras, como los créditos contingentes al ingreso, ajustados a las capacidades de pde las familias y con tasas razonables; los fondos de garantías y el apoyo de la empresa privada; esto fomentado desde el Estado, como lo manda la Constitución.

El fomento estatal es crucial para el balance del sistema mixto y es lógico porque la educación superior privada, jurídicamente, no tiene ánimo de lucro en el país. El Estado es fundamental en estimular y garantizar opciones financieras que permitan a más acceder a la educación superior no oficial.

La reforma a la Ley 30 es una oportunidad de oro para cimentar las bases de un sistema de educación superior que no solo responda a reclamos históricos como calidad, inclusión, acceso equitativo y permanencia, sino que se sintonice con los desafíos del futuro. Así, la primera versión del proyectos de la ley que está circulación para observaciones, deja un sinsabor por su limitado alcance, poca visión futurista y ausencia de construcción colectiva.

No solo se queda corta la intención de transformar el sector, sino que sus apuestas parecieran condenarnos al pasado y borran de un plumazo los esfuerzos realizados por trazar, entre el sector oficial y el privado, la ruta de educación superior.

Siguiendo con la analogía del atleta, en la carrera por pasar de «un modelo de crecimiento económico basado en rentas a uno en donde el capital humano y el conocimiento sean la base del crecimiento», como dijo la misión de sabios que se conformó en 2019, reforma de impulsar un «ecosistema» dinámica, flexible, integral, articulado, globalizado y con una fuerte apuesta por la investigación y el desarrollo científico. Esa es la medalla de oro.

Formar los talentos y perfiles que demanda el sistema productivo requiere la convergencia de una oferta académica pública y privada, que no solo permita avanzar en cobertura, calidad, inclusión y equidad, sino que brinde una oferta diversa de programas en distintas áreas del conocimiento, enfocadas en responder a las demandas del mercado laboral de los próximos años, que exigirá competencias y habilidades muy puntuales, sobre todo digitales.

Bienvenidas todas las ideas para construir «una educación superior de calidad para todos los colombianos», cuyo abrebocas quedó trazado en el «Acuerdo por lo Superior 2034», un esfuerzo colectivo por conciliar miradas y posiciones en una propuesta de política pública que defina el rumbo del sector. No desconozcamos el camino recorrido en la articulación de esta visión a largo plazo; no debilitemos las piernas de un atleta que ha venido preparándose de manera juiciosa para competir al más alto nivel.

Rolando Roncancio Rachid… Rector de la Universidad de La Sabana.. Revista Forbes… septiembre- octubre 2023.

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El enemigo común

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La contienda electoral exige altura, claridad, y sobre todo, sentido estratégico. No se trata de eliminar al contradictor dentro del mismo espectro democrático, sino de entender dónde está la verdadera amenaza para el país.

Hoy, las campañas de Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo deben comprender que sus diferencias son naturales en democracia, pero no pueden convertirse en una fractura irreversible. Colombia espera que estos liderazgos, desde sus matices, sean capaces de construir un camino de unidad hacia la segunda vuelta.

El adversario real no está dentro de ese grupo. El verdadero desafío está en la candidatura de Iván Cepeda, quien representa la continuidad y profundización del proyecto político del petrismo. Un proyecto que, a lo largo de los años, ha mostrado cercanía ideológica con estructuras que han atentado contra la institucionalidad del país, como el ELN y las FARC. Basta recordar episodios ampliamente conocidos que evidencian esas afinidades.

Además, los riesgos no son únicamente ideológicos. Existen alertas serias sobre el contexto electoral. La Misión de Observación Electoral (MOE) ha advertido sobre un incremento significativo en los factores de riesgo electoral. En su más reciente informe, se identificaron 170 municipios con algún nivel de riesgo por fraude o violencia, de los cuales 81 están en riesgo extremo, lo que representa un aumento del 65% frente a 2022.

Estos datos no pueden ser ignorados. Reflejan un entorno donde la presión de actores ilegales y la debilidad institucional pueden incidir en los resultados democráticos.

Colombia enfrenta un momento decisivo. La democracia no puede darse por sentada, y la libertad de los ciudadanos requiere ser defendida con determinación. El país reclama grandeza de sus líderes: unidad para recuperar la seguridad, corregir el rumbo del sistema de salud, evitar una crisis energética y enfrentar los desafíos fiscales con rigor técnico.

En los recorridos por distintas regiones, una preocupación se repite: la división entre quienes deberían estar construyendo una alternativa. La confrontación interna debilita, confunde al electorado y termina favoreciendo al verdadero adversario.

El riesgo es claro. Iván Cepeda ha manifestado su intención de dar continuidad al gobierno de Gustavo Petro, profundizando su modelo político. Esto implicaría, previsiblemente, mayores tensiones institucionales, incertidumbre económica y un debilitamiento de sectores fundamentales como el de salud, y estratégicos como el minero-energético, claves para el desarrollo del país.

Colombia no puede permitirse avanzar hacia un escenario de mayor polarización, inseguridad y deterioro económico. Tampoco puede normalizar la persecución política ni el debilitamiento de la oposición.

La responsabilidad es clara, quienes defienden la democracia, la libertad individual, la seguridad y el crecimiento económico deben actuar con inteligencia y sentido de propósito. No se trata de renunciar a las diferencias, sino de entender que hay un objetivo superior.

Divididos, perdemos todos. Unidos, Colombia gana y derrotamos a los que están destruyendo al país.

Juan Espinal… abril 2026

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El amor nos hace libres

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Esta semana de experiencia profunda de espiritualidad cristiana, es una invitación para toda la sociedad a detenerse, guardar un espacio de silencio, discernimiento y oración.

En medio de la actividad cotidiana, nos convoca a mirar no solo hacia afuera, sino hacia adentro; a preguntarnos qué estamos construyendo como país y qué papel jugamos cada uno en el destino como sociedad.

La «economía interior» se activa cuando dejamos de culpar siempre al otro y asumimos que el rumbo de Colombia también depende de nuestras decisiones autónomas y responsables. Una estrofa del Himno Nacional recuerda una verdad difícil de olvidar: «La humanidad entera, que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz».

Una de estas palabras nos invita a pedir perdón por la incoherencia histórica de nuestro sistema político: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23,34). Parte de esta incoherencia ética y oral es la consecuencia de liderazgos políticos sin autoridad, incapaces de servir a todos sin discriminar. son dirigentes que no nos representan, porque su discurso se ha vaciado de compromiso real con la justicia social.

La cruz no solo fue un madero; fue el producto de una política que prefirió sacrificar al justo antes que alterar los privilegios del sistema, y de una estructura religiosa que no se comprometió con el valor y la dignidad del ser humano.

Cuando la política se desconecta del reconocimiento del otro como persona portadora de una dignidad inviolable, se abre la puerta a su instrumentalización. Así, corrupción, indiferencia y violencia se vuelven síntomas de una sola enfermedad: la pérdida de lo humano.

Hoy, Colombia, está atrapada en este círculo vicioso; muchos se «lavan» las manos con las sucias de la corrupción; otros «niegan»; otros «traicionan» las instituciones que juraron respetar; otros «niegan» la verdad para venderse al sistema. Y no faltan quienes, sin criterio, «siguen» el ruido desorientador de multitudes desinformadas y polarizadas. Necesitamos un acuerdo fundamental: ser libres.

La posibilidad de una sociedad justa depende de nuestra capacidad de cargar juntos la cruz de los más vulnerables, sin delegar esa responsabilidad en otros. en la gloria que buscamos no cabe el crucificar al adversario, sino la resurrección junto a aquel que piensa, cree y siente distinto.

«En el Resucitado, Dios nos revela que el amor es la única fuerza capaz de transformar la historia».. León XIV

Padre Diego Marulanda Díaz… Rector general… Universidad Pontificia Bolivariana….Portafolio ..marzo 2026.

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Urabá, la tierra prometida

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Hace pocos días celebramos, por primera vez en 50 años, nuestra Asamblea Anual de Afiliados por fuera del Valle del Aburrá. Y el lugar escogido fue Urabá, como un reconocimiento a esta región y sus empresarios e instituciones, a su realidad y sus potencialidades. Urabá es protagonista del futuro.

Urabá es mucho más que un punto en el mapa de Antioquia es el epicentro de una historia de resiliencia y promesas cumplidas. En la ancestral lengua Katío, su nombre resuena con un significado profundo: » la tierra prometida». Un territorio donde confluyen el mar, la biodiversidad, una agricultura potente y una sociedad tremendamente resiliente. Hoy, más que nunca, esta definición cobra vida, porque Urabá, es donde se están cruzando algunas de las decisiones más importantes para el futuro económico de Antioquia y Colombia.

Porque durante décadas, mientras otros hablaban de conflicto o de deuda histórica, Urabá avanzaba, a veces silenciosamente, pero siempre con una tenacidad admirable. Por eso, este es un momento para el reconocimiento de quienes creyeron cuando parecía imposible. A esos empresarios visionarios- precursores de organizaciones como Unibán, Banfrut, Greenland, Agrícola Santamaría, C.I. Tropical, Grupo 20, entre muchas otras- que supeiron ver lo que otros no veían. Ellos desafiaron la geografía, atravesaron montañas y demostraron que Urabá no es el extremo de Antioquia, sino una vibrante puerta de conexión con el mundo. Todos ellos, que con trabajo, perseverancia y visión han sostenido este territorio, merecen nuestra gratitud y profunda admiración.

Ese esfuerzo no ha pasado desapercibido. Hoy, el mundo mira a Urabá. Lo hace la CAF- Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, que anunció que su apoyo para el proyecto de futuro de Urabá asciende a un millón de dólares, un voto de confianza contundente en el potencial de la región. Se suma también el compromiso del Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional (IFC), que brindarán cooperación técnica y explorarán oportunidades de inversión privada en sectores claves.

Esta complementariedad es esencial: mientras unos construyen condiciones institucionales y sociales, otros dinamizan la inversión. Juntos, cubrimos el ciclo completo que maximiza el impacto en la generación de empleo y prosperidad territorial.

En este marco de posibilidades, tuvimos el honor de presentar formalmente a Pro Urabá, plataforma, que nació hace seis años y hoy es una alianza consolidada, liderada por la Cámara de Comercio de Urabá y de la que hacen parte más de 15 empresas e instituciones comprometidas con el desarrollo de la región. Su misión: atraer inversión, facilitar la llegada de nuevas empresas y fortalecer el entorno de negocios, impulsando el desarrollo industrial, agroindustria y logístico de Urabá.

Urabá es hoy la suma de posibilidad y realidad. Es la demostración de que el desarrollo no se decreta desde el centro; se construye en el territorio, con su gente, sus empresas y sus liderazgos. desde Urabá enviamos un mensaje claro a Colombia.

Antioquia ha sido, y seguirá siendo, una región que cree en el trabajo, en la empresa, en las instituciones y en la colaboración entre lo público y lo privado.

Una región que no responde al ruido con resentimiento, sino con resultados.

Una región que no responde a la estigmatización con confrontación, sino con desarrollo.

Por eso en Urabá reiteramos que es tiempo de elegir el futuro, de defender la democracia y de construir prosperidad colectiva.

Porque si algo nos enseña Urabá es que los territorios que se atreven a imaginar el futuro terminan construyéndolo. Urabá es no solo la tierra prometida, es el lugar de los sueños hechos realidad.

Juliana Velásquez Rodríguez…. presidenta ejecutiva Proantioquia..El Colombiano..marzo 2026.

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