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La «vaca»: el poder del civismo
La Semana Santa, época propicia para la reflexión, el silencio, recogimiento y la desconexión de la vida diaria, estuvo lejos de eso. Fueron unos días agitados, a causa de las reacciones que suscitó en la opinión pública la iniciativa del Gobernador de Antioquia y del expresidente Uribe, de convocar la solidaridad del pueblo antioqueño para que, entre todos, uniéramos fuerzas en torno a un propósito común: terminar las vías de nuestro Departamento.
Vale la pena preguntarnos ¿por qué la «vaca» ha generado tantas reacciones? Está propuesta representa en si mismo un gran símbolo de civismo y es, un llamado de atención para el Gobierno central, ante el incumplimiento de los acuerdos previos entre la Nación y el Departamento, bien sea por cambios en el enfoque de Gobierno o por desavenencias políticas. La Vía al Mar. Que incluye el Túnel del Toyo, cuenta con aval fiscal del Confis desde 20215. Este compromiso, al igual que las obligaciones contractuales con privados, debe honrarse. La seguridad jurídica es un requisito indispensable para que fluya la inversión.
Poner en la ecuación el falso dilema entre el desarrollo social y el económico, es también un error. No puede existir desarrollo social sin que exista desarrollo económico. Ambos son necesarios y sólo generando desarrollo económico podremos tener una sociedad más equitativa. Las vías son más que concreto: encarnan la posibilidad de más progreso para las regiones apartadas, de escuelas, inversión, proyectos productivos, comercio, movilidad social. Se trata, además, de la competitividad del país.
La oposición que esta propuesta regional generó en el nivel central, resulta incomprensible: este país necesita menos centralismo y más regiones fuertes y autónomas, con agencia sobre sus recaudos y capacidad de tomar sus propias decisiones en el territorio. Usar esta iniciativa para generar polarización entre ricos y pobres y entre regiones, en nada contribuye en un país sediento de unión y de cohesión social.
Que exista la «vaca»es la evidencia de una falla del Estado.
Esta convocatoria, a su vez, representa de lo que estamos hechos en nuestro país: tenacidad, esfuerzo, lucha, compromiso. A la iniciativa se han unido con sus donaciones antioqueños y colombianos que reconocen en la infraestructura física un camino para conectarse y dar solución a algunos de sus problemas regionales.
Es esperanzador ver cómo lo comunitario y la acción colectiva se elevan y se hacen parte para solucionar un problema que es, en principio, de resorte público. Alegra el corazón la solidaridad de quienes quieren aportar al progreso, todos estaremos vigilantes para que estas vías se finalicen con rigor y pulcritud.
La «vaca» es también símbolo de ingenio e innovación, de explorar otras fuentes de financiación ante un Estado con unas finanzas limitadas. Es un deber y un derecho de las regiones, buscar alternativas que permitan la mejora en la calidad de vida de sus habitantes.
Más allá de las reacciones en redes, fake news y de intentos de desincentivar este acto de solidaridad cívica, esta «vaca» nos puso a conversar sobre lo importante. Ojalá éste sea un primer paso para tener una ciudadanía más activa, más participe de la solución de los grandes problemas públicos: el Estado es incapaz de hacerlo todo solo. Que nos sirva para alentar la discusión de la necesidad de contar con regiones fuertes y balancear la conversación nacional. Que inspire a otras regiones para que encuentren soluciones a los problemas que los aquejan;que nos ayude a ver nuevos caminos y posibilidades cuando las solidas parecen ajenas. Que esta «vaca» sea un símbolo de unión y poder ciudadano.
*En aras de la transparencia con los lectores, manifiesto que he sido invitada por el Gobernador de Antioquia a hacer parte de la junta ciudadana encargada de acompañar y vigilar el buen uso de las donaciones para finalización de las vías de Antioquia.
María Bibiana Botero….presidenta ejecutiva de Proantioquia…abril 2024
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Carta Abierta
Ya los escuchó, ya los vio, ya los leyó. Incluso en algún momento, lo mas seguro los tuvo cara a cara, estrechó su mano y probablemente lo saludaron y le prometieron que todo iba a cambiar.
Y se llegó el momento para qué usted, que hace parte del grupo de ciudadanos, qué escucha, lee y ve, y que no esconde la cabeza en la cubeta de «Todos son iguales» o «No voto por que esto seguirá igual», sabrá que mañana 31 de mayo será unos de esos que aún considera que con su voto ¡Todo es posible! Qué aspiramos, y esperamos, qué su voto no será el voto de los de siempre: el voto de la teja, el voto de sanduche con refresco, el transporte o en el peor de los casos el voto del bus que viene de otro pueblo, ciudad o vereda, o de un resucitado.
Usted, ya sabe, que para que esto cambie, su voto no es el que se va a la basura, que su voto es sagrado, que ni se compra, ni se vende, que es amor por la patria, amor por un poco de cambio, si un poco de cambio, porque hablemos claro nada es perfecto y menos la democracia. Pero usted que se va de voto mañana 31 de mayo, cuando con una X inicia el cambio podrá con tranquilidad decir: ¡Yo hice parte del cambio!
Qué ellos, los que recorrieron el país, que visitaron regiones que no conocen el poder del Estado, los que prometieron el cambio, solo esperan el poder de su X en un papel para continuar con el continuismo o buscar el anhelado cambio que todos quieren. Y que ese poder, que usted tiene logrará la recuperación de un país perdido en el mapa del caos, el miedo y la burla. Muévase a votar, para que la dignidad regrese, para que ese palabra perversa que nos acompaña, cada cuatro años «Para qué votar», se convierta en el verdadero cambio que logre romper el hechizo maldito, así sea un poquito. Pero que se avance y no se retroceda.
Finalmente recuerde que Colombia es la GRAN SELECCIÓN, que juega el partido más importante el 31 de mayo, y que usted es el arbitro de ese juego que, en su sabiduría decidirá quién será el director técnico por cuatro años de la GRAN SELECCIÓN.
«LOS ESTADOS SON ESCLAVOS POR LA NATURALEZA DE SU CONSTITUCION O POR EL ABUSO DE ELLA. LUEGO UN PUEBLO ES ESCLAVO CUANDO EL GOBIERNO, POR SU ESENCIA O POR SUS VICIOS, HUELLA Y USURPA LOS DERECHOS DEL CIUDADANO O SÚBDITO»… CARTA DE JAMAICA , SIMÓN BOLÍVAR
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Vale Votar
Tu voto vale 13 millones de pesos. ¿Lo cambiarías por un tamal? La pregunta suena provocadora. Lo es. Pero los números no mienten: el Presupuesto General de la Nación para 2026 asciende a $523 billones. Colombia tiene un poco más de 41 millones de ciudadanos habilitados para votar. Divida. El resultado es casi 13 millones de pesos por votante. Por usted, por mi, por las decisiones que afectan nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo y nuestro territorio. Puede parecer una comparación irresponsable. Pero más irresponsable es no votar.
Colombia tiene una de las tasas de abstención más altas de la OCDE y una de las cargas tributarias más altas de América Latina. Eso no es coincidencia: países donde la gente no vota tienden a tener Estados que sirven a quienes sí votan. Cada punto de abstención es una cesión de poder a alguien que sí va a las urnas.
Colombia vota el 31 de mayo. Y como cada vez que se abren las urnas, volverá a circular en la cabeza de muchos colombianos la pregunta de siempre: ¿para qué votar si todo sigue igual? ¿Para qué votar si la polarización reina en el debate público? ¿Para qué votar si mi voto no cambia nada? Son preguntas legítimas. Pero tienen una respuesta que no admite mucha discusión: la democracia no se cuida desde el sofá. Se cuida participando. En las elecciones, en el control social, en la vida pública.
Vale votar porque esta democracia, imperfecta, lenta, a veces frustrante, tiene un guardián que merece nuestro respaldo: se llama Constitución Política de Colombia. Es la que garantiza que nadie pueda concentrar todo el poder. La que protege la libertad de opinión, la libertad de prensa, la libre movilización por el territorio, la libertad de disentir, de organizarse, de elegir y ser elegido. Libertad. Sin Constitución viva y respetada, no hay libertad. Y sin participación ciudadana, la Constitución se debilita.
En muchos lugares del mundo hemos visto cómo las democracias empiezan a erosionarse lentamente: primero se desacreditan las instituciones, después se normaliza el insulto y el odio, luego se debilitan los contrapesos, y finalmente se instala la idea de que la libertad es un obstáculo y no un valor. Nada de eso ocurre de un día para otro. Ocurre cuando los ciudadanos dejan de sentirse responsables de cuidar lo público.
Por eso desde un grupo de empresas de Colombia decidimos estimular a nuestra ciudadanía, entregar incentivos reales a la participación. Le llamamos Vale Votar, una iniciativa concreta para cuidar la democracia, promovida por Proantioquia y la RedPRO con el apoyo decidido de Fenalco. Una apuesta hecha no desde los discursos, sino desde la acción. Porque las empresas también tienen un rol en este momento del país. Y ese rol no es el de la indiferencia.
¿Qué tal si votar también se convierte en experiencia visible en la vida cotidiana? Un café en Juan Valdez al mostrar el certificado electoral. Un descuento en Flamingo. Viajar gratis en el Metro de Medellín para ejercer el derecho al voto. Más de 50 marcas decidieron sumarse a esta conversación democrática, no para comprar conciencias, sino para reconocer un acto ciudadano que sostiene la vida institucional del país.
Porque votar no debería sentirse como una carga inútil, sino como un gesto definitivo para la sociedad. Y porque estimular la participación también es una manera legítima de cuidar la democracia: sin presiones, sin miedo, sin odio, sin decirle a nadie por quién votar. Solo recordándonos que participar importa.
Tu voto. Vale tu libertad. Vale el país que queremos. Vale Votar.
Juliana Velásquez Rodríguez, presidenta ejecutiva Proantioquia.
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Sin reconciliación, la paz es solo propaganda electoral
En medio de la intensidad de la campaña presidencial en Colombia, donde las promesas de paz se repiten en cada discurso, llama la atención la ausencia de una palabra más exigente: reconciliación.
La paz se convirtió en consigna electoral; la reconciliación, en cambio, implica renunciar a la rentabilidad política del enemigo: El pasaje de Jn 20, 19-23 ofrece una perspectiva que desborda la coyuntura. El Resucitado aparece en un lugar marcado por el encierro y el miedo.
Las puertas cerradas simbolizan mucho más que protección: representan una sociedad atrapada en la sospecha, donde el otro deja de ser un semejante para convertirse en amenaza. también hoy buena parte de la política se mueve sobre esa lógica.
Las campañas ya no solo movilizan esperanza; administran rabia, miedo y resentimiento colectivo. Por eso resulta significativo que Cristo no llegue con revancha, ni imposición, sino diciendo: «La paz esté con ustedes».
No habla de una calma superficial ni de la simple ausencia de conflicto. La paz del Evangelio nace de restaurar relaciones rotas y devolverle dignidad al otro. Es un don, pero también una misión: «Como Padre me envió, así yo los envió».
Esa misión consiste en ser artesanos de la reconciliación. cristo sopla sobre ellos y les confía el Espíritu Santo, abriendo el camino del perdón. allí se encuentra el núcleo de paz verdadera: la capacidad de impedir que el odio y el pasado definan el futuro. El perdón no significa ingenuidad ni olvido; significa romper el ciclo de la enemistad permanente. En nuestro país, donde le leguaje público raya con frecuencia en la vulgaridad y la humillación del adversario, este Evangelio resulta terapéutico a la vez. Muchos candidatos prometen paz mientras degradan al contradictor para sostener emocionalmente a sus seguidores.
Y una sociedad no puede reconciliarse mientras su dirigencia viva de profundizar heridas abiertas. Cuando la paz se reduce a acuerdos políticos o a la imposición de una agenda, termina siendo frágil y pasajera. La reconciliación exige algo más difícil: moderar el lenguaje, reconocer límites y comprender que ninguna democracia sobrevive cuando convierte el resentimiento en identidad colectiva.
Frente a la lógica dominante de la «voluntad de poder», el Evangelio propone una «voluntad efectiva de paz». No una paz usada como bandera de campaña, sino una decisión concreta de reconstruir vínculos humanos rotos. El mensaje de Jn 20,19-23 sigue siendo profundamente actual: la paz no se decreta. La paz verdadera se da y se recibe en la lógica de la economía del don, desprovisto de interés.
Padre Diego Marulanda…Rector Universidad Pontifica Bolivariana…..mayo 2026.
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