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Carlos Castro Saavedra, el poeta de la patria sangrante
Los pueblos requieren de augures, de visionarios, de alguien que sea «su mala conciencia», o visto de otro modo de un arúspice que diga que la patria es la infancia o sea capaz de advertir acerca del porvenir, que quizá jamás llegue, Y ese rol, de brujo, y alquimista,lo tiene el poeta, cualquier vaina que esto signifique en nuestros tiempos, tan estériles en cuanto a sensibilidades que no obedecen a transacciones bursátiles, ni a fondos monetarios y a otras deudas externas.
No sé si todavía tenga sentido decir que un país necesita un poeta nacional (o dos o tres, que tampoco es que abunden). Uno de los que así se consideró en otros días, más bien lejanos, fue el medellinense Carlos Castro Saavedra, del que se acaba de cumplir el centenario de su natalicio. Es más, existen dudas de que hoy se lea poesía, que no ha sido tampoco asunto masivo, ni siquiera en los días de Maiakovski o, por qué no, de Neruda, tan relacionado además este último con el autor de poemas como El sol trabaja los domingos o Camino de la patria.
Castro Saavedra era un poeta no sólo porque tenía la extraña manía de hablar con el viento, con los pájaros , con las bocanadas de humo de sus cigarrillos- un fumador de todas las horas-, con las nubes ( una suerte de nefelibata) pero también con la tierra, sino también porque sabía de los dolores del pueblo, de las persecuciones, de las tristezas de la gente. Escribía en revistas, suplementos literarios, en columnas de periódicos, y publicó más de treinta y cuatro libros.
Un libro juvenil, Fusiles y Luceros, ya mostraba sus sensibilidades en tiempos en que el país naufragaba en la sangre de los de abajo y luego estallaría en mortales explosiones sociales con el magnicidio de Gaitán. “Yo lo vi al lado de los hombres,/ codo a codo, al pie del pueblo./ En los motines, en las fábricas,/ En los ferrocarriles, en las huelgas”, escribió Castro Saavedra sobre el asesinado caudillo. Luego se fue a Chile junto con su esposa Inés (su musa de siempre), donde los acogió Neruda, organizador de veladas poéticas para recoger fondos para los dos exiliados.
A propósito de Fusiles y Luceros, el autor de Canto general dijo: “Pienso que la poesía colombiana despierta de un letargo adorable pero mortal. Este despertar es como un escalofrío y se llama Carlos Castro Saavedra”. Es extraño que un poeta se torne en una figura popular, reconocido entre artesanos, obreros, estudiantes, y así sucedió con el hombre que les cantaba a los derrotados, a los pentagramas y los trenes. “Nos mostró la posibilidad de un camino cuando todos los caminos parecían errados. Él nos dijo la precaria y agobiada verdad del hombre”, dijo de él el escritor Manuel Mejía Vallejo.
En la Medellín de los cuarenta la «ciudad industrial», era toda una osadía de una mujer casarse con un poeta, y más si este era un bohemio, como, en efecto, lo era Carlos Castro Saavedra. A Inés Agudelo, que estaba «tragada» del que era visto por ciertos sectores sociales como un «vago», su padre le prohibió el matrimonio. Pero le pudo más el amor. Y se casaron a escondidas en la iglesia de Bello, con la Castro fue un crítico de poder, del poder, de los politiqueros, a los que les escribió un poema , cuya primera estrofa dice: “Liberales y godos son los mismos,/ y si no que lo diga la manera/ como todos saludan la bandera/ y se codean con los clientelismos”. Un cuestionador de las inequidades sociales y otras injusticias. Su poema Camino de la patria apareció por todas partes, sobre todo en tiempos del miedo (que han sido casi todos los de nuestra historia) y de una colección infinita de desamparados y otros sustos.
Uno de los que más los popularizó fue Carlos Gaviria Díaz, que los recitaba en las manifestaciones y conferencias. El canto del poeta, el deseo, su alerta y su manera de dar luz con un farol de las palabras irrigó la tierra que alguna vez fue de los despojados, de los desheredados y expulsados por todas las violencias. «Cuando pueda andar por las aldeas y pueblos sin el ángel de la guarda», dice al principio de uno de los poemas más cantados y afamados de Colombia.
Carlos Castro es de los pocos poetas que pudo conseguir un lugar en el mundo con los derechos de autor de una de sus obras (los del Elogio de los oficios). No permitió que sus amigos, encabezados por Manuel Mejía Vallejo, realizarán una colecta. «Él dijo que él mismo construía sus propia casa, con su plata, con sus poemas, y así lo hizo», recordó alguna doña Inés. O como dijo Ciro Mendía: «construyó su casa con el sudor de su frente».
Todavía el país sigue sangrando y no ha recobrado su paloma. No ha llegado la hora de tener patria. Pero tenemos un poeta que nos lo sigue recordando.
Reinaldo Spitaletta….. La Pluma.. agosto 2024
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Cambia la forma de gobernar
Las despedidas siempre motivan el agradecimiento e invitan a reflexionar sobre lo aprendido y lo que se avecina. Hoy cierro el ciclo como columnista de El Colombiano, un privilegio que agradezco a la doctora Luz María Sierra, a las Directivas y al Equipo Editorial que me permitieron conversar, semana a semana, con los lectores de este medio que es sin duda un referente en Antioquia y Colombia.
Gracias a los lectores con quienes a lo largo de estos años compartí reflexiones, apreciaciones y preocupaciones sobre el acontecer de nuestro país, especialmente en los años recientes que fueron tan complejos para la democracia y la institucionalidad; y donde, además del grave deterioro de la seguridad, tuvimos que enfrentar la destrucción del sistema de salud, el deterioro económico, la irresponsabilidad fiscal y un sinnúmero de escándalos de corrupción que involucraron familiares y funcionarios de Petro.
Este tiempo me dio la oportunidad de reconocer, en medio de los ataques permanentes del Gobierno a la libertad de prensa, el coraje de medios como este, que se mantuvo en pie informando y formando con criterio a la opinión pública. Además, encontré muchos ciudadanos que me expresaban acuerdo, desacuerdo o complemento a lo escrito en esas columnas; ahí fui realmente consciente del impacto de participar y promover el debate democrático desde un medio de comunicación como este.
Ahora, gracias a la generosidad del presidente electo De la Espriella, asumiré una nueva responsabilidad de servicio a Colombia desde el Ministerio de Cultura, un reto por lo que representa, por lo que queremos hacer y por mi perfil, tan criticado por algunos para asumir esa cartera.
Creo que la cultura es un tema transversal que habilita la creación y recreación de la identidad de las Naciones, es su alma; es una gran industria que permite la diversificación de la economía, aportando al crecimiento económico, la generación de empleo y la innovación social; es una gran herramienta diplomática (soft power), porque es la mejor manera de llegar e influir en otros países; es una forma de preservar el patrimonio material e inmaterial, y un instrumento que fortalece el tejido social, estimula la unidad y promueve la libertad y el desarrollo humano.
Nuestra tarea será fortalecer la institucionalidad, tener un Ministerio más moderno, menos burocrático, más eficiente, cercano y transparente; reconocer e impulsar el talento de nuestros creadores, artistas y artesanos; proteger nuestro patrimonio; promover la formación de públicos y convertir la riqueza cultural de Colombia en una fuente de prosperidad para miles de familias.
Queremos pasar del asistencialismo a la inversión, fortalecer las industrias culturales y creativas, proyectar el talento colombiano al mundo y hacer de la cultura un verdadero motor de desarrollo. Tenemos instrumentos jurídicos que han servido como modelo internacional y talento creativo con presencia verificada en los mercados más competitivos del mundo; vamos a gerenciar.
Finalmente, los invito para que, como colombianos, nos unamos para rescatar el país y construir la Patria Milagro; aquí no solo luchamos por un cambio de Gobierno, sino por un cambio en la forma de gobernar; superemos el sectarismo, porque como lo ha dicho el Presidente Abelardo, aquí no hay vencedores ni vencidos; trabajemos sin descanso para que Colombia llegue al nivel que merece por su potencial y que eso se traduzca en bienestar para todos nuestros compatriotas.
Paola Holguín….El Colombiano… agosto 2026
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El turismo firma su futuro
El turismo se fortalece cuando lo público y lo privado caminan con una misma visión. Por eso celebramos que, desde Proantioquia, junto al Área Metropolitana del Valle de Aburrá, la Gobernación de Antioquia, las cámaras de comercio y las alcaldías que integran el Consejo Metropolitano de Turismo, acabamos de firmar un acuerdo de voluntades para trabajar de manera conjunta por la gobernanza, la promoción y la organización del turismo. Esta firma vale más que un protocolo: es una declaración de futuro. Los datos respaldan la ambición. Antioquia se consolidó en 2025 como segundo destino turístico del país, con crecimiento del 64%, diez veces el ritmo nacional. Este año el sector se ajusta, como de resto de Colombia, a expectativas de nuevas políticas, pero eso no cambia lo esencial: el turismo crece más rápido que nuestras capacidades para acompañarlo y ayudarlo a florecer. Esa brecha es la que este acuerdo se propone cerrar.
El mensaje es claro: los grandes retos del turismo solo se enfrentan cuando somos capaces de construir una visión compartida entre instituciones, el sector privado y ciudadanía. El momento es ahora. El sector enfrenta desafíos que trascienden fronteras de cualquier municipio: cambios en las políticas migratorias, nuevas preferencias de los viajeros y una competencia cada vez más intensa entre destinos. Promover un territorio ya no basta; hay que construir las condiciones para que sea competitivo.
Por eso, antes de firmar, escuchamos. Setenta y siete actores del ecosistema turístico: empresarios, gobiernos municipales, gremios, academia y sociedad civil. todos coincidieron en algo: el turismo solo se consolida cuando se construye de manera articulada, con responsabilidad. Cada municipio ha desarrollado una oferta a la medida de sus vocaciones y atractivos: Urabá, Guatapé, el corredor patrimonial de Jericó y Jardín, los charcos del Oriente, la tradición artesanal de Rionegro y La Ceja, entre otros. Lejos de competir entre sí, esa diversidad es nuestra mayor fortaleza para proyectarnos hacia los mercados internacionales.
Turismo es infraestructura: Turismo es conectividad. Turismo es formación de quien recibe al visitante. Y es, sobre todo, gobernanza: una visión concertada de largo plazo que trascienda periodos electorales, para que la promoción tenga detrás un sistema y deje huella. Eso beneficia a quien visita y, sobre todo, a quien recibe: los operadores, las comunidades, todo el ecosistema que vive del turismo.
Le hemos planteado al Gobierno Nacional priorizar a Antioquia como nodo de desarrollo y catalizador para las regiones, un referente del trabajo de articulación. Con ProColombia, Fontur y el Viceministerio de Turismo trabajando de la mano, las acciones dejan de quedarse en el papel: se concretan, se construyen, se vuelven realidad. Eso es hacer que las cosas pasen. Medellín crece cuando crecen las regiones. Esa es la premisa de este acuerdo y de la ciudad- región que queremos construir: más competitiva, más conectada, con una sola voz para presentarle al mundo a Medellín y Antioquia como una oferta conjunta y coordinada. Un destino que suma, que se piensa en grande y que sale a competir con los mejores del continente. Al turismo le sobran diagnósticos y promesas. Lo que le falta son instituciones capaces de ponerse de acuerdo y cumplir. Ese es el valor de esta firma: convierte la voluntad en compromiso y el compromiso en tarea. El futuro se construye con decisiones como esta. Hoy, en Antioquia, el turismo firma su futuro.
Juliana Velásquez Rodríguez……. presidenta ejecutiva Proantioquia..agosto 2026.
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INDEPENDENCIA ES LIBERTAD
Son muchas las independencias que hay para celebrar este 20 de julio. Esta vez, además, celebramos dentro de una montaña: en el Túnel del Toyo, donde 9,7 kilómetros de roca se convirtieron en camino.
El 1 de junio de 1926, cerca de la Facultad de Minas, en Robledo, arrancaron obras de la carretera al Mar. No fue el sueño de un solo hombre: Antioquia conformó la Junta Propulsora, con Gonzalo Mejía a la cabeza, y la Gobernación de Antioquia puso $8 millones mientras la Nación aportó 9,3 millones. El camino no fue recto: una firma extranjera abandonó la obra, llegó la crisis mundial de 1929, y la Nación solo la asumió tras visita del presidente López Pumarejo. Ni siquiera los sueños grandes avanzan sin tropiezos: avanzan a pesar de ellos. En 1949, Gonzalo Mejía defendía por radio una obra bajo ataque: “Aún hoy, cuando solo faltan 52 kilómetros para llegar al mar… se han levantado voces que atacan la construcción de la vía por todos los medios.” La carretera se inauguró en 1955. Mejía murió poco después, y Turbo le levantó un busto con la mano señalando el mar. El sueño de futuro no terminó ahí. Antes de morir, el gobernador Fernando Gómez Martínez ya imaginaba dos túneles: uno entre Medellín y San Jerónimo, hoy con su nombre, y otro en Cañasgordas, bautizado Guillermo Gaviria Echeverri. Ese segundo túnel es el que se construye en El Toyo, y es la etapa final del sueño de Gonzalo Mejía. Algunos sueños se heredan hasta que alguien los termina.
Hoy conmemoramos la Independencia en este túnel de 9,7 kilómetros, el más largo de América. Cuando entre en operación, el viaje entre el Aburrá y Urabá pasará de casi 8 horas a 4. Es la pieza que le faltaba a la Vía al Mar Gonzalo Mejía Trujillo, que con casi 38 kilómetros, 18 túneles y 31 puentes conecta al Aburrá con el Urabá antioqueño y el Caribe. Los estudios arrancaron en 2002, el contrato en 2015, las obras en 2018, y el cale se logró en 2023, con 8.000 obreros e ingenieros. Cuando el tramo de la Nación quedó en riesgo, la Gobernación y la Alcaldía de Medellín lo asumieron. Cien años, varios visionarios, cinco gobiernos, un mismo sueño: así se construyen independencias que de verdad importan, por relevo, no por milagro. Independencia es también libertad para aportarle al país a pesar de las dificultades.
Celebrar la Independencia es celebrar la posibilidad de que haya desarrollo, de que las empresas crezcan, de que la infraestructura permita que por las vías transiten el desarrollo económico y el bienestar de las personas, la posibilidad de conectarse con las oportunidades. Autonomía regional para el futuro de la Nación. Que al llegar al final de un túnel nos encontremos con la luz como señal de futuro. Ninguna nación es libre si sus regiones no lo son. Independencia es poder conversar de tú a tú con un gobierno que respete a las regiones, que las potencie, y que reconozca la riqueza que hay en la diversidad. Un gobierno para toda Colombia.
No se trata de más autonomía para separarnos. Se trata de autonomía que nos une. Hoy, día de la Independencia, El Toyo nos demuestra que cuando pensamos en décadas y no en periodos de gobierno, las cosas pasan. Esta independencia no se declara: se cava, se pavimenta y, al final, siempre encuentra la luz. Independencia es libertad. Independencia con coraje, resiliencia y responsabilidad es garantía de futuro.
Juliana Velásquez Rodríguez… presidenta ejecutiva Proantioquia
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