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Sanar el dolor de generación en generación.
Según las más recientes cifras del Registro Único de Víctimas (RUV), se han conocido a 9.888.182 personas afectadas por diversos hechos en la historia de Colombia, lo que equivale a un 17% de la población.
En Colombia, la categorización de una victima está definida de manera especial por la Ley 14448 de 2011, conocida como la Ley de Víctimas y Restitución. Se reconocen como víctimas aquellas personas que han sufrido una o más de las siguientes afectaciones: desplazamiento forzado, homicidio de universitaria, violencia sexual, tortura, lesiones personales con ocasión del conflicto, atentados, combates y hostigamiento, actos terroristas, despojo o abandono forzado de tierras.
Sin embargo, ¿Qué ocurre con las secuelas psicológicos transgeneracionales que va dejando la guerra? ¿Son también víctimas aquellas personas que tiene el dolor y la herida de la guerra heredada de generación en generación?
La profesora Diana Bedoya PH. D en Psicología y docente del programa de Psicología de UNIMINUTO seccional Antioquia, Chocó, nos habla, nos cuenta cómo a partir de la guerra hay lecciones que como sociedad hemos aprendido en la tarea que tenemos como colombianos de construir la paz y poder no acabar con las secuelas psicológicas, sino construir a partir de ellas una mejor sociedad.
«Es necesario restablecer las garantías para la vida digna, escuchar a las víctimas y poder ayudar a esclarecer la verdad y a partir de allí generar una cultura de paz que permita que podamos transformar los imaginarios que hemos construido y acercar a los niños y jóvenes a un ejercicio intergeneracional de construir para la paz», explica Diana Bedoya.
Y en ese sentido, la docente agrega: «el papel de la academia es central porque puede aportar evidencia científica y propiciar espacios de transformación basados no es prácticas extractivistas, sino de acción participativa que permitan visibilizar y legitimar el saber que las comunidades han construido ellas mismas para llevar a cabo procesos de reparación y reagenciamiento social que ayudan a transformar sus territorios».
Desde la Corporación Universitaria Minuto de DIOS, ha articulado un trabajo con sus deferentes facultades, lo que ha permitido desde las agendas regionales construir una trayectoria de «Paces» que impacte comunidades en zonas rurales y zonas dispersas.
«Recientemente en este camino de construcción de paz intergeneracional trabajamos con el colectivo Tejiendo Memorias de Sonsón, reconocimos sus acciones y saberes en pro de la recuperación y el agenciamiento social y con ellos generamos estrategias para sanar, para curar ese dolor intergeneracional que nos deja la guerra. Esto nos ayuda a construir condiciones que aporten a una vida digna, a una seguridad humana que se transforme de forma estructural y que nos permita superar la pobreza multidimensional y llegar con soluciones innovadoras y sostenibles» explica la docente.
Para María Gertrudis Nieto Marín, habitante de Sonsón y víctima del conflicto armado, el acompañamiento de UNIMINUTO ha sido vital en la manera en que permitió organizar los procesos que han hecho desde el Colectivo Tejiendo Memorias y dignificar sus experiencias como víctimas.
«Como víctimas de la violencia, aprendimos a entender no solo nuestro dolor, sino el dolor de los otros. Hemos aprendido gracias a este acompañamiento a continuar nuestros procesos con amor, pasamos de víctimas a ciudadanas. No queremos que nadie olvide lo que pasó en Sonsón, pero sí queremos recuperar nuestras vidas y las de nuestras familias y de ese modo sanar y seguir adelante, comenta, María Gertrudis.
Desde la institución se resalta el papel de las víctimas en la construcción territorial y el liderazgo que ejercen para construir una cultura de paz, una cultura que pueda sanar de generación y generación y construir a través de la verdad una vida más digna para cada colombiano y colombiana.
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Un viaje de Antioquia: Turismo, cultura y entretenimiento
El turismo es un fenómeno emergente que llegó para quedarse, y que en Medellín y Antioquia acogemos con una mirada de posibilidad, con la disposición de aprender del mundo y sumar nuestras características únicas que lo convierten en una palanca de desarrollo sostenible para nuestra región. Solo en el 2025, en Medellín recibimos a 2.1 millones de visitantes, según el Sistema de Información Turística, SIT. El turismo es más que un «boom», es un renglón creciente de la economía que se convierte en un propósito colectivo. El propósito de nuestro proyecto de futuro colectivo. El propósito de nuestro proyecto de futuro y de todas las instituciones que lo componen es convertir el boom en una constante historia de éxito sostenido.
Con ese propósito, tuvimos la oportunidad de visitar Nantes y Burdeos, en una misión técnica de exploración por invitación del Instituto Francés de Colombia y la Fundación Compás Urbano, para aprender de innovación territorial, turismo cultural y comunitario, promoción de destino y gobernanza turística; vista que nos reafirmó algo que ya nos dicen los datos en nuestro proyecto de futuro sobre el turismo de Medellín y Antioquia: el turista internacional, que es el 58.7% de nuestros visitantes, se queda más, gasta más y regresa más.
El viaje es Antioquia, su historia y su gente. Y es en este viaje en el que nos unimos muchas instituciones públicas y privadas, con el fin de diseñar un modelo de turismo, un sueño en forma de estrategia colectiva, que además de generar desarrollo económico, propicie el desarrollo social y ambiental de nuestros territorios, un turismo sostenible y perdurable que transforme la percepción del turista y atraiga nuevos visitantes.
Ciudades como las que visitamos en la Misión, entienden que la cultura y el turismo no son sectores aislados, sino una red que construye con el territorio para mejorar la calidad de vida de las personas. El caso Nantes es ejemplar, la ciudad ha logrado que el arte en el espacio público y los eventos culturales anuales se conviertan en el orgullo local y un atractivo turístico, transformando la ciudad y generando contenido nuevo constantemente. En Medellín transitamos el mismo camino: solo este fin de semana, el concierto de Ryan Castro dejó una derrama económica cercana a los 7 millones de dólares, con 50 mil asistentes, de los cuales más de 22 mil fueron visitantes. turismo y entretenimiento de la mano de nuestra industria musical.
En el caso de Antioquia, nace la gran oportunidad. Francia concibe el patrimonio como un motor dinámico para el desarrollo territorial, integrando vivienda, comercio, turismo y participación ciudadana. Imaginemos juntos este viaje por el mar de Urabá, el patrimonio de Jericó, Jardín, Santa Fe de Antioquia; los charcos de San Rafael, San Carlos y Cocorná o la tradición artesanal de Rionegro, La Ceja y el Carmen, entre muchas opciones. Un viaje por Antioquia con el sello de la naturaleza y la cultura.
El futuro de los territorios se escribe se escribe con relatos, y en Medellín y Antioquia lo tenemos claro: en Medellín no se observa la historia, se participa en ella. Nuestra marca es la resiliencia. Y en Antioquia, el patrimonio y la naturaleza son una ventaja competitiva única.
Juliana Velásquez…
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El enemigo común
La contienda electoral exige altura, claridad, y sobre todo, sentido estratégico. No se trata de eliminar al contradictor dentro del mismo espectro democrático, sino de entender dónde está la verdadera amenaza para el país.
Hoy, las campañas de Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo deben comprender que sus diferencias son naturales en democracia, pero no pueden convertirse en una fractura irreversible. Colombia espera que estos liderazgos, desde sus matices, sean capaces de construir un camino de unidad hacia la segunda vuelta.
El adversario real no está dentro de ese grupo. El verdadero desafío está en la candidatura de Iván Cepeda, quien representa la continuidad y profundización del proyecto político del petrismo. Un proyecto que, a lo largo de los años, ha mostrado cercanía ideológica con estructuras que han atentado contra la institucionalidad del país, como el ELN y las FARC. Basta recordar episodios ampliamente conocidos que evidencian esas afinidades.
Además, los riesgos no son únicamente ideológicos. Existen alertas serias sobre el contexto electoral. La Misión de Observación Electoral (MOE) ha advertido sobre un incremento significativo en los factores de riesgo electoral. En su más reciente informe, se identificaron 170 municipios con algún nivel de riesgo por fraude o violencia, de los cuales 81 están en riesgo extremo, lo que representa un aumento del 65% frente a 2022.
Estos datos no pueden ser ignorados. Reflejan un entorno donde la presión de actores ilegales y la debilidad institucional pueden incidir en los resultados democráticos.
Colombia enfrenta un momento decisivo. La democracia no puede darse por sentada, y la libertad de los ciudadanos requiere ser defendida con determinación. El país reclama grandeza de sus líderes: unidad para recuperar la seguridad, corregir el rumbo del sistema de salud, evitar una crisis energética y enfrentar los desafíos fiscales con rigor técnico.
En los recorridos por distintas regiones, una preocupación se repite: la división entre quienes deberían estar construyendo una alternativa. La confrontación interna debilita, confunde al electorado y termina favoreciendo al verdadero adversario.
El riesgo es claro. Iván Cepeda ha manifestado su intención de dar continuidad al gobierno de Gustavo Petro, profundizando su modelo político. Esto implicaría, previsiblemente, mayores tensiones institucionales, incertidumbre económica y un debilitamiento de sectores fundamentales como el de salud, y estratégicos como el minero-energético, claves para el desarrollo del país.
Colombia no puede permitirse avanzar hacia un escenario de mayor polarización, inseguridad y deterioro económico. Tampoco puede normalizar la persecución política ni el debilitamiento de la oposición.
La responsabilidad es clara, quienes defienden la democracia, la libertad individual, la seguridad y el crecimiento económico deben actuar con inteligencia y sentido de propósito. No se trata de renunciar a las diferencias, sino de entender que hay un objetivo superior.
Divididos, perdemos todos. Unidos, Colombia gana y derrotamos a los que están destruyendo al país.
Juan Espinal… abril 2026
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El amor nos hace libres
Esta semana de experiencia profunda de espiritualidad cristiana, es una invitación para toda la sociedad a detenerse, guardar un espacio de silencio, discernimiento y oración.
En medio de la actividad cotidiana, nos convoca a mirar no solo hacia afuera, sino hacia adentro; a preguntarnos qué estamos construyendo como país y qué papel jugamos cada uno en el destino como sociedad.
La «economía interior» se activa cuando dejamos de culpar siempre al otro y asumimos que el rumbo de Colombia también depende de nuestras decisiones autónomas y responsables. Una estrofa del Himno Nacional recuerda una verdad difícil de olvidar: «La humanidad entera, que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz».
Una de estas palabras nos invita a pedir perdón por la incoherencia histórica de nuestro sistema político: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23,34). Parte de esta incoherencia ética y oral es la consecuencia de liderazgos políticos sin autoridad, incapaces de servir a todos sin discriminar. son dirigentes que no nos representan, porque su discurso se ha vaciado de compromiso real con la justicia social.
La cruz no solo fue un madero; fue el producto de una política que prefirió sacrificar al justo antes que alterar los privilegios del sistema, y de una estructura religiosa que no se comprometió con el valor y la dignidad del ser humano.
Cuando la política se desconecta del reconocimiento del otro como persona portadora de una dignidad inviolable, se abre la puerta a su instrumentalización. Así, corrupción, indiferencia y violencia se vuelven síntomas de una sola enfermedad: la pérdida de lo humano.
Hoy, Colombia, está atrapada en este círculo vicioso; muchos se «lavan» las manos con las sucias de la corrupción; otros «niegan»; otros «traicionan» las instituciones que juraron respetar; otros «niegan» la verdad para venderse al sistema. Y no faltan quienes, sin criterio, «siguen» el ruido desorientador de multitudes desinformadas y polarizadas. Necesitamos un acuerdo fundamental: ser libres.
La posibilidad de una sociedad justa depende de nuestra capacidad de cargar juntos la cruz de los más vulnerables, sin delegar esa responsabilidad en otros. en la gloria que buscamos no cabe el crucificar al adversario, sino la resurrección junto a aquel que piensa, cree y siente distinto.
«En el Resucitado, Dios nos revela que el amor es la única fuerza capaz de transformar la historia».. León XIV
Padre Diego Marulanda Díaz… Rector general… Universidad Pontificia Bolivariana….Portafolio ..marzo 2026.
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