26 Líneas
Una carrera para los atletas de alto rendimiento
Para superar marcas olímpicas y romper récords, mundiales, un atleta de alto rendimiento necesita sus dos piernas en un nivel óptimo de formas y en perfecta sincronía. En el modelo mixto de educación superior, las dos piernas del atleta son el sector oficial y el privado. En el esfuerzo conjunto por aumentar la cobertura en educación superior, es vital fortalecer los dos pilares que lo sustentan.
No pareciera lógico pedirle al atleta que ejercite solo una de las piernas y que pierda la masa muscular desarrollada en la otra, cuando la meta del gobierno la meta del gobierno es generar 500 mil nuevos cupos en los próximos tres años; y esta es solo la carrera de 100 metros planos, el reto inmediato. Menos lógico resulta conquistar la maratón que implica el Proyecto de Ley Estatutaria de la Progresividad para garantizar el derecho a la educación superior en un plazo de 20 años. allí se necesitan ambas piernas.
El sistema mixto funciona y da resultados. Las cifras del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) muestran que entre 2012 y 2022 la cobertura en pregrado pasó de 44% a 55%. La matrícula oficial aumento de 1’017.138 a ´1’341.339 estudiantes y la privada de 912.449 a 1’124. 889 estudiantes, un crecimiento del 23%.
Bienvenidas las reformas, pero no en detrimento del sistema mixto. El marchitamiento programado del Icetex, incluido en el articulado de reforma a la Ley 30 que propone el gobierno, no parece ser un buen mensaje, al menos sin dar cabida a otro tipo de ayudas financieras, como los créditos contingentes al ingreso, ajustados a las capacidades de pde las familias y con tasas razonables; los fondos de garantías y el apoyo de la empresa privada; esto fomentado desde el Estado, como lo manda la Constitución.
El fomento estatal es crucial para el balance del sistema mixto y es lógico porque la educación superior privada, jurídicamente, no tiene ánimo de lucro en el país. El Estado es fundamental en estimular y garantizar opciones financieras que permitan a más acceder a la educación superior no oficial.
La reforma a la Ley 30 es una oportunidad de oro para cimentar las bases de un sistema de educación superior que no solo responda a reclamos históricos como calidad, inclusión, acceso equitativo y permanencia, sino que se sintonice con los desafíos del futuro. Así, la primera versión del proyectos de la ley que está circulación para observaciones, deja un sinsabor por su limitado alcance, poca visión futurista y ausencia de construcción colectiva.
No solo se queda corta la intención de transformar el sector, sino que sus apuestas parecieran condenarnos al pasado y borran de un plumazo los esfuerzos realizados por trazar, entre el sector oficial y el privado, la ruta de educación superior.
Siguiendo con la analogía del atleta, en la carrera por pasar de «un modelo de crecimiento económico basado en rentas a uno en donde el capital humano y el conocimiento sean la base del crecimiento», como dijo la misión de sabios que se conformó en 2019, reforma de impulsar un «ecosistema» dinámica, flexible, integral, articulado, globalizado y con una fuerte apuesta por la investigación y el desarrollo científico. Esa es la medalla de oro.
Formar los talentos y perfiles que demanda el sistema productivo requiere la convergencia de una oferta académica pública y privada, que no solo permita avanzar en cobertura, calidad, inclusión y equidad, sino que brinde una oferta diversa de programas en distintas áreas del conocimiento, enfocadas en responder a las demandas del mercado laboral de los próximos años, que exigirá competencias y habilidades muy puntuales, sobre todo digitales.
Bienvenidas todas las ideas para construir «una educación superior de calidad para todos los colombianos», cuyo abrebocas quedó trazado en el «Acuerdo por lo Superior 2034», un esfuerzo colectivo por conciliar miradas y posiciones en una propuesta de política pública que defina el rumbo del sector. No desconozcamos el camino recorrido en la articulación de esta visión a largo plazo; no debilitemos las piernas de un atleta que ha venido preparándose de manera juiciosa para competir al más alto nivel.
Rolando Roncancio Rachid… Rector de la Universidad de La Sabana.. Revista Forbes… septiembre- octubre 2023.
26 Líneas
Acabando con Ecopetrol
El Gobierno de Gustavo Petro parece experto en montar espectáculos mediáticos y levantar cortinas de humo para distraer la atención pública. Un ejemplo reciente fue la solicitud del ministro de Minas y Energía, Palma, al presidente de Ecopetrol para que entregará un reporte detallado sobre la cantidad de gas natural consumido por las refinerías de la empresa durante 2025 y lo corrido de 2026.
Ese informe, conocido en febrero, confirmó lo que muchos advertían, la reposición de gas natural fue insuficiente para el país. Ecopetrol reportó un déficit de – 14,7 MBPE en 2025, una señal preocupante sobre la seguridad energética de Colombia.
Lo verdaderamente lamentable es que la empresa más importante de los colombianos se está debilitando aceleradamente bajo la ineficiente gestión de su actual presidente, Ricardo Roa. En apenas tres años, las utilidades netas de Ecopetrol han caído cerca de un 73%, mientras la acción pasó de $3.610 a cerca de $1.800.
Las consecuencias para el país son evidentes. Las transferencias al Estado fueron de $58 billones en 2023, pero cayeron a $40 billones en 2024, es decir, $17,9 billones menos.
El panorama se torna aún más oscuro si se consideran los cuestionamientos que rodean a Roa, sanciones en la Procuraduría General de la Nación y la reciente multa del Consejo Nacional Electoral por $5.900 millones, relacionada con presuntas irregularidades en la financiación de la campaña presidencial de Gustavo Petro.
Pero más preocupante es que el Gobierno parece haber diseñado una ruta que debilita deliberadamente a Ecopetrol. Una de decisiones que más inquieta es la posible venta de la operación más rentable de la compañía, Permian, en Texas (Estados Unidos). Este activo representa cerca del 15% de la producción total de Ecopetrol, con aproximadamente 115.000 barriles diarios. Desprenderse de esa operación sería un error estratégico que afectaría gravemente la estabilidad financiera de la empresa.
Resulta paradójico que mientras el Gobierno colombiano insiste en su agenda ideológica contra los hidrocarburos, otros gobiernos de izquierda en la región avanzan en sentido contrario. En Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha firmado más de 150 contratos de exploración y explotación de hidrocarburos. En México, la presidenta ha anunciado la implementación del fracking como herramienta para fortalecer la producción energética.
Es evidente que la aversión ideológica contra el sector de hidrocarburos es una particularidad del gobierno Petro.
Este sí parece ser el gobierno del decrecimiento económico. No solo permitió que las utilidades netas de Ecopetrol cayeran de $33,4 billones en 2022 a $9 billones en 2025, sino que además llevó al país a un déficit fiscal de 6,4 % del PIB y a un déficit primario de 3,5 % del PIB.
Colombia solo había registrado niveles de déficit similares en 1999 y durante la pandemia.
Se trata de un verdadero autogol a las finanzas públicas. Mientras el gasto del gobierno sigue aumentando, especialmente en burocracia, los ingresos prácticamente no crecen. Entre 2022 y 2025, el déficit primario aumentó 2,6 puntos del PIB, impulsado por un incremento del gasto primario de 2,7 puntos, mientras los ingresos se mantuvieron prácticamente estancados.
Los mercados ya empezaron a reaccionar. El mercado de deuda pública despertó de la “anestesia” generada por las operaciones de manejo de deuda, y las tasas de los TES han subido con fuerza, acercándose al 14 %.
La recuperación de Ecopetrol y de las finanzas del Estado será un enorme reto para los próximos años. La salida pasa por reactivar el sector energético, recuperar la confianza inversionista y fortalecer las alianzas público-privadas.
Porque la evidencia es clara: no existe mejor socio para el desarrollo de un país que el sector privado.
Juan Espinal….. marzo…2026
26 Líneas
Evitar que Colombia se apague
Son muchas las preocupaciones que hoy tienen los colombianos frente al desgobierno que ha generado un debilitamiento profundo de lo que funcionaba en el país. La incapacidad del presidente Petro para construir sobre lo construido ha deteriorado sectores estratégicos. El sistema de salud colapsó; la llamada “paz total” debilitó la seguridad y el orden público; y el capricho ideológico de convertirse en un líder ambiental a nivel mundial ha puesto en riesgo el sector energético del país. Este último es, sin duda, uno de los temas que más inquieta a la ciudadanía.
El próximo presidente tendrá que tomar decisiones ágiles y audaces para evitar que el país se apague. Un apagón nacional sería una verdadera catástrofe para la economía, se paralizarían la industria y el comercio, se alteraría la vida cotidiana de millones de colombianos, y cada hora sin energía costaría cerca de 200 mil millones de pesos, según el Banco de la República.
Si Colombia se apaga por decisiones equivocadas del actual gobierno, cabe preguntarse, ¿cómo se recargarían los cerca de 80 millones de celulares que hay en el país? ¿Cómo operarían más de 450 mil tiendas, hospitales, escuelas, cámaras de seguridad, vehículos eléctricos y el Metro de Medellín, que moviliza a más de un millón de usuarios diarios en el Valle de Aburrá? La magnitud del impacto sería incalculable.
Una de las decisiones necesarias sería declarar una emergencia energética, con fundamento en el artículo 215 de la Constitución Política y respaldada por la jurisprudencia de la Corte Constitucional, que ha reiterado que los estados de emergencia permiten adoptar medidas excepcionales y temporales estrictamente necesarias para superar una grave perturbación del orden económico y social (por ejemplo, sentencias C-122 de 1997, C-216 de 2011, C-466 de 2017 y C-145 de 2020). Bajo este marco, el Gobierno podría declarar una emergencia económica con enfoque energético ante el riesgo cierto e inminente de desabastecimiento y pérdida de confiabilidad del sistema nacional.
En este contexto, y atendiendo el principio de proporcionalidad exigido por la Corte, se implementaría un sistema “fast track” para los procesos de licenciamiento ambiental y consulta previa, limitado a los primeros dos años de gobierno y exclusivamente para proyectos estratégicos de seguridad nacional en el sector minero-energético. Este esquema no eliminaría requisitos ambientales ni sociales; por el contrario, integraría trámites, reduciría duplicidades, establecería ventanillas únicas y armonizaría plazos perentorios, garantizando simultáneamente el respeto por los derechos fundamentales y la participación efectiva de las comunidades.
Asimismo, se propondría un régimen temporal de incentivos fiscales con cláusulas de estabilidad jurídica, sustentado en la doctrina de la Corte sobre la validez de los contratos de estabilidad en escenarios de interés público. El objetivo sería atraer un flujo masivo de inversión privada hacia proyectos estratégicos del sector minero-energético. Este régimen podría incluir aceleración de depreciaciones, deducciones especiales para inversiones en seguridad energética y beneficios para proyectos de suministro en firme y expansión minera responsable, siempre condicionados al cumplimiento de estándares ambientales y planes de relacionamiento social, con el fin de restablecer la seguridad energética nacional.
Solo con determinación, responsabilidad y voluntad política se podrá evitar que Colombia se apague.
Juan Espinal …. Febrero 2026
26 Líneas
Vulnerables
Cada vez que la lluvia arrecia, reaccionamos como si fuera inesperada. Como si el territorio nos sorprendiera. Como si la emergencia fuera una anomalía. No lo es.
Antioquia enfrenta una realidad objetiva en materia de riesgo climático. Entre 2019 y 2023 fue el segundo departamento con mayor número de eventos de desastres reportados por la UNGRD: 1.917 emergencias, el 93% asociadas a fenómenos naturales y climáticos. La tendencia, además, es creciente. si entre 2000 y 2010 se registraban en promedio 152 emergencias anuales, en la última década esa cifra se triplicó. Hoy hablamos de cerca de 650 eventos por año.
El fenómeno de La Niña entre 2021 y 2023 dejó casi34 mil personas damnificadas en Antioquia, más de 27 mil viviendas afectadas y 90 mil hectáreas de cultivos dañadas. Solo en 202, los costos estimados por pérdidas e impactos ascendieron a 67 mil millones de pesos. Y la contingencia actual vuelve a mostrar la magnitud del desafío: más de 7.000 personas afectadas, municipios en calamidad pública, miles de niños con escolaridad interrumpida, vías estratégicas bloqueadas, sectores productivos perdiendo millones de pesos cada día.
La pregunta no es si lloverá más. La pregunta es si estamos gobernando el riesgo o simplemente administrando la emergencia.
Porque el problema es la vulnerabilidad acumulada Es la falta de planeación territorial coherente con los mapas de riesgo. Es la inversión de infraestructura sin criterios robustos de resiliencia. Es la ausencia de sistemas de prevención suficientemente financiados. Las emergencias exigen recursos, por supuesto. También exigen rigor institucional. La Constitucional contempla la figura de emergencia económica como mecanismo excepcional y transitorio. Convertirla en instrumento de política pública erosiona la deliberación democrática y aumenta la incertidumbre regulatoria. Y cuando la respuesta descansa casi exclusivamente en ampliar cargas tributarias extraordinarias sobre el sector productivo, el país corre el riesgo de debilitar el mismo motor que necesita para financiar su recuperación.
El riego climático no es solo ambiental. Es fiscal, social y económico. La evidencia del Banco de la República advierte que las pérdidas asociadas al cambio climático podrían representar entre 2% y 8% del PIB nacional a finales de siglo, dependiendo de decisiones que adoptemos hoy. Esa cifra es una advertencia estructural.
Existen caminos distintos. Durante la pandemia y en múltiples contingencias regionales, la articulación público- privada demostró que es posible movilizar recursos, logística y conocimiento técnico con reglas claras y trazabilidad. Mecanismos como Obras por Impuestos y los fondos regionales de cofinanciación han probado que se puede ejecutar inversión social focalizada sin paralizar la actividad económica ni sacrificar estabilidad normativa.
Pero más allá de los instrumentos, lo que está en juego es el enfoque. Reducir vulnerabilidades, aumentar resiliencia y mejorar eficiencia del gasto público no son repuestas coyunturales; son tareas de largo plazo. Antes de ampliar cargas extraordinarias, el país necesita revisar la calidad del gasto, fortalecer capacidades institucionales y anticipar riesgos que ya conoce.
Las emergencias requieren liderazgo y cooperación. También prudencia fiscal e institucional. Atender la contingencia sin debilitar la capacidad productiva es posible se privilegiamos la corresponsabilidad, la eficiencia y la estabilidad de las reglas. Porque gobernar el futuro no es reacción a la tormenta. Es anticiparla.
Juliana Velásquez Rodríguez – presidenta ejecutiva Proantioquia……El Colombiano..febrero 2025
-
Tecnología12 de febrero de 2026«Habla con tu plata», la app de Nequi que le cuenta cómo usted ha manejado su plata
-
Turismo13 de febrero de 2026A Coleccionar Atardeceres con JetSMART y Mastercard y sus descuentos especiales para viajar por Colombia, Suramérica y Punta Cana
-
Nacionales14 de febrero de 2026Coltefinanciera abre nuevo Centro de Negocios en Cali
-
26 Líneas12 de febrero de 2026En un mes: la gran prueba

You must be logged in to post a comment Login