26 Líneas
Elogio de la pereza
Gran parte de mi vida me la he pasado perdiendo el tiempo. Por eso no comprendo el descrédito en que hemos caído los hombres que aún sentimos gozo al ver pasar las nubes. El «ritmo paisa» es en Colombia la medida del tiempo aprovechado, la definición del interés utilitario. No envidio ni admiro a quienes viven su vida a ese ritmo. Les concedo apenas un parco y compasivo respeto y los mantengo alejados de mi hamaca. Jamás he permitido ni permitiré que el materialismo o respeto reverencial al trabajo me despojen de lo más preciado que tengo: la indolencia lúcida, asumida con decoro y pasión.
Y ya que hablamos de paisas, nunca les he tenido más cariño que cuando me enteré de que son los únicos colombianos que celebran una fiesta en honor de la pereza. Lo hacen en Itagüí al concluir la semana de la industria. ¡Qué ironía más picara, qué manera más sana de burlarse de sí mismos!. En ese «día internacional de la pereza», algunos llevan camas al parque de la población para actuar con ejemplo y hasta hay premios para el primero que se vaya y para el último que se aburra.
Esas fiestas deberían ser presididas por los versos de León de Greiff, antioqueño por más sueños (cuidado, pantallista cómplice, con escribir «señas») ; «Ah, la pereza es de raso y gamuza, para qué trabajar si eso es útil». O estos otros, también de su cosecha: «Y tanta tierra inútil por escasez de músculos, tanta industria novísima, tanto almacén enorme. Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos». Me apena ningún poeta costeño haya escrito así.
La pereza es el gran catálogo de prejuicios colombianos eso cosa de costeños. De la pereza, de sus sagrados misterios, podríamos los costeños escribir libros magníficos, manuales de vida y convivencia que podrán ser útiles cuando el resto del país se halla extinguido el furor guerrero. Cuando los queridos compatriotas se llenan la boca para tildarnos de perezosos, nos confieren el muelle honor de ser el domingo de Dios, que queda, como puede comprobarse, más cerca del Mediterráneo que del Mar del Norte, más lejos de la guerra que la paz. De los andaluces nos viene eso que Borges llamó «la buena tradición de no hacer nada».
Los hombres laboriosos llegaron del norte con su barba roja y su moral calvinista. inventaron el automóvil y las armas nucleares. El costeño del sur los esperó, lento y sabio, con una copa de jerez en la mano. Cuando el hombre laborioso era todavía un bárbaro, el costeño del sur ya era filósofo en el ágora y músico en las cortes. Después, el bárbaro dejó la honda y encontró el sustituto perfecto para la guerra: el trabajo. Hitler comenzó obligando a trabajar al pueblo alemán y ya sabemos cómo terminó.
Entronizado el trabajo como bien supremo, el hombre laborioso, nostálgico del Campo de Agramante, lo convirtió en otra guerra en la que gana el que lleve a ella la mayor energía y sepa explotar mejor cada oportunidad para obtener un excedente, No sé si fue Bataille quien dijo que la dicotomía entre el placer y el dolor está construida socialmente para que funcione la economía.
A la ociosidad le han cantado poetas pero pero la siguen despreciando los economistas. Y sin embargo, de ella han surgido muchas de las cosas más gratas y aún imprescindibles de la cultura occidental y desde luego de la oriental. Menciono sólo algunas desde la humilde óptica personal. Las películas que hizo Renoir en las contadas ocasiones en que abandonó su cálido taller de ceramista. El yoga, el ajedrez, la filosofía griega. Los aforismo de Ciorán, la música de Beethoven. Ciorán según propia confesión, no trabajó nunca. Sufrió una relativa miseria con tal de preservar la libertad de su guardilla. Beethoven, sordamente perezoso, no dijo Freiheit (libertad) aino Freude (alegría).
La pereza tiene su espuma; el amor físico. Y su plumaje: el sueño. Me encanta dormir y no me avergüenzo de ello. Dormir es seguro y placentero, te evita problemas por omisión. alguien dijo que era la muerte desprovista de responsabilidades. Como buen dormilón, odio levantarme temprano. Gossaín, Arizmendi, las alondras, el lechero, encabezan mi lista de extraterrestres. Alguna vez cometí el grave error de emularlos. Como la Antigona de Jean Anouilh, descubrí que levantarse temprano era exponerse a ver el mundo sin colores.
Me arrepentí a tiempo. Volví a mis frazadas. Desistí definitivamente del «crepúsculo de la mañana» , que para Baudelaire – flojo inmortal- es la hora en que canta la diana de los cuarteles y que el enjambre de sueños nos retuerce de felicidad a los perezosos en nuestras almohadas.
Andrés Salcedo… Revista Cromos… noviembre 1995
26 Líneas
Un viaje de Antioquia: Turismo, cultura y entretenimiento
El turismo es un fenómeno emergente que llegó para quedarse, y que en Medellín y Antioquia acogemos con una mirada de posibilidad, con la disposición de aprender del mundo y sumar nuestras características únicas que lo convierten en una palanca de desarrollo sostenible para nuestra región. Solo en el 2025, en Medellín recibimos a 2.1 millones de visitantes, según el Sistema de Información Turística, SIT. El turismo es más que un «boom», es un renglón creciente de la economía que se convierte en un propósito colectivo. El propósito de nuestro proyecto de futuro colectivo. El propósito de nuestro proyecto de futuro y de todas las instituciones que lo componen es convertir el boom en una constante historia de éxito sostenido.
Con ese propósito, tuvimos la oportunidad de visitar Nantes y Burdeos, en una misión técnica de exploración por invitación del Instituto Francés de Colombia y la Fundación Compás Urbano, para aprender de innovación territorial, turismo cultural y comunitario, promoción de destino y gobernanza turística; vista que nos reafirmó algo que ya nos dicen los datos en nuestro proyecto de futuro sobre el turismo de Medellín y Antioquia: el turista internacional, que es el 58.7% de nuestros visitantes, se queda más, gasta más y regresa más.
El viaje es Antioquia, su historia y su gente. Y es en este viaje en el que nos unimos muchas instituciones públicas y privadas, con el fin de diseñar un modelo de turismo, un sueño en forma de estrategia colectiva, que además de generar desarrollo económico, propicie el desarrollo social y ambiental de nuestros territorios, un turismo sostenible y perdurable que transforme la percepción del turista y atraiga nuevos visitantes.
Ciudades como las que visitamos en la Misión, entienden que la cultura y el turismo no son sectores aislados, sino una red que construye con el territorio para mejorar la calidad de vida de las personas. El caso Nantes es ejemplar, la ciudad ha logrado que el arte en el espacio público y los eventos culturales anuales se conviertan en el orgullo local y un atractivo turístico, transformando la ciudad y generando contenido nuevo constantemente. En Medellín transitamos el mismo camino: solo este fin de semana, el concierto de Ryan Castro dejó una derrama económica cercana a los 7 millones de dólares, con 50 mil asistentes, de los cuales más de 22 mil fueron visitantes. turismo y entretenimiento de la mano de nuestra industria musical.
En el caso de Antioquia, nace la gran oportunidad. Francia concibe el patrimonio como un motor dinámico para el desarrollo territorial, integrando vivienda, comercio, turismo y participación ciudadana. Imaginemos juntos este viaje por el mar de Urabá, el patrimonio de Jericó, Jardín, Santa Fe de Antioquia; los charcos de San Rafael, San Carlos y Cocorná o la tradición artesanal de Rionegro, La Ceja y el Carmen, entre muchas opciones. Un viaje por Antioquia con el sello de la naturaleza y la cultura.
El futuro de los territorios se escribe se escribe con relatos, y en Medellín y Antioquia lo tenemos claro: en Medellín no se observa la historia, se participa en ella. Nuestra marca es la resiliencia. Y en Antioquia, el patrimonio y la naturaleza son una ventaja competitiva única.
Juliana Velásquez…
26 Líneas
El enemigo común
La contienda electoral exige altura, claridad, y sobre todo, sentido estratégico. No se trata de eliminar al contradictor dentro del mismo espectro democrático, sino de entender dónde está la verdadera amenaza para el país.
Hoy, las campañas de Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo deben comprender que sus diferencias son naturales en democracia, pero no pueden convertirse en una fractura irreversible. Colombia espera que estos liderazgos, desde sus matices, sean capaces de construir un camino de unidad hacia la segunda vuelta.
El adversario real no está dentro de ese grupo. El verdadero desafío está en la candidatura de Iván Cepeda, quien representa la continuidad y profundización del proyecto político del petrismo. Un proyecto que, a lo largo de los años, ha mostrado cercanía ideológica con estructuras que han atentado contra la institucionalidad del país, como el ELN y las FARC. Basta recordar episodios ampliamente conocidos que evidencian esas afinidades.
Además, los riesgos no son únicamente ideológicos. Existen alertas serias sobre el contexto electoral. La Misión de Observación Electoral (MOE) ha advertido sobre un incremento significativo en los factores de riesgo electoral. En su más reciente informe, se identificaron 170 municipios con algún nivel de riesgo por fraude o violencia, de los cuales 81 están en riesgo extremo, lo que representa un aumento del 65% frente a 2022.
Estos datos no pueden ser ignorados. Reflejan un entorno donde la presión de actores ilegales y la debilidad institucional pueden incidir en los resultados democráticos.
Colombia enfrenta un momento decisivo. La democracia no puede darse por sentada, y la libertad de los ciudadanos requiere ser defendida con determinación. El país reclama grandeza de sus líderes: unidad para recuperar la seguridad, corregir el rumbo del sistema de salud, evitar una crisis energética y enfrentar los desafíos fiscales con rigor técnico.
En los recorridos por distintas regiones, una preocupación se repite: la división entre quienes deberían estar construyendo una alternativa. La confrontación interna debilita, confunde al electorado y termina favoreciendo al verdadero adversario.
El riesgo es claro. Iván Cepeda ha manifestado su intención de dar continuidad al gobierno de Gustavo Petro, profundizando su modelo político. Esto implicaría, previsiblemente, mayores tensiones institucionales, incertidumbre económica y un debilitamiento de sectores fundamentales como el de salud, y estratégicos como el minero-energético, claves para el desarrollo del país.
Colombia no puede permitirse avanzar hacia un escenario de mayor polarización, inseguridad y deterioro económico. Tampoco puede normalizar la persecución política ni el debilitamiento de la oposición.
La responsabilidad es clara, quienes defienden la democracia, la libertad individual, la seguridad y el crecimiento económico deben actuar con inteligencia y sentido de propósito. No se trata de renunciar a las diferencias, sino de entender que hay un objetivo superior.
Divididos, perdemos todos. Unidos, Colombia gana y derrotamos a los que están destruyendo al país.
Juan Espinal… abril 2026
26 Líneas
El amor nos hace libres
Esta semana de experiencia profunda de espiritualidad cristiana, es una invitación para toda la sociedad a detenerse, guardar un espacio de silencio, discernimiento y oración.
En medio de la actividad cotidiana, nos convoca a mirar no solo hacia afuera, sino hacia adentro; a preguntarnos qué estamos construyendo como país y qué papel jugamos cada uno en el destino como sociedad.
La «economía interior» se activa cuando dejamos de culpar siempre al otro y asumimos que el rumbo de Colombia también depende de nuestras decisiones autónomas y responsables. Una estrofa del Himno Nacional recuerda una verdad difícil de olvidar: «La humanidad entera, que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz».
Una de estas palabras nos invita a pedir perdón por la incoherencia histórica de nuestro sistema político: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23,34). Parte de esta incoherencia ética y oral es la consecuencia de liderazgos políticos sin autoridad, incapaces de servir a todos sin discriminar. son dirigentes que no nos representan, porque su discurso se ha vaciado de compromiso real con la justicia social.
La cruz no solo fue un madero; fue el producto de una política que prefirió sacrificar al justo antes que alterar los privilegios del sistema, y de una estructura religiosa que no se comprometió con el valor y la dignidad del ser humano.
Cuando la política se desconecta del reconocimiento del otro como persona portadora de una dignidad inviolable, se abre la puerta a su instrumentalización. Así, corrupción, indiferencia y violencia se vuelven síntomas de una sola enfermedad: la pérdida de lo humano.
Hoy, Colombia, está atrapada en este círculo vicioso; muchos se «lavan» las manos con las sucias de la corrupción; otros «niegan»; otros «traicionan» las instituciones que juraron respetar; otros «niegan» la verdad para venderse al sistema. Y no faltan quienes, sin criterio, «siguen» el ruido desorientador de multitudes desinformadas y polarizadas. Necesitamos un acuerdo fundamental: ser libres.
La posibilidad de una sociedad justa depende de nuestra capacidad de cargar juntos la cruz de los más vulnerables, sin delegar esa responsabilidad en otros. en la gloria que buscamos no cabe el crucificar al adversario, sino la resurrección junto a aquel que piensa, cree y siente distinto.
«En el Resucitado, Dios nos revela que el amor es la única fuerza capaz de transformar la historia».. León XIV
Padre Diego Marulanda Díaz… Rector general… Universidad Pontificia Bolivariana….Portafolio ..marzo 2026.
-
Especiales17 de abril de 2026 agoGrupo Éxito se alista para el Mundial con coleccionables, camisetas y muchos más productos
-
Tecnología2 de abril de 2026 agoCinco anuncios del MWC 2026 que definirán el futuro de la tecnología
-
26 Líneas4 de abril de 2026 agoEl amor nos hace libres
-
Tecnología2 de abril de 2026 agoBancolombia habilitó más de 4.000 cajeros para retiros sin tarjeta

You must be logged in to post a comment Login