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Las instituciones sí funcionan

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Hace pocos días, en Medellín, el grupo antiexplosivos de la Policía desactivó tres cargas que amenazaban con provocar graves daños en una subestación de EPM, No hubo titulares rimbombantes ni discursos grandilocuentes. Solo el cumplimiento silencioso de una misión proteger la vida y garantizar el servicio público. Las instituciones en Colombia ns han demostrado que funcionan. Que son fuertes, diversas, independientes y con apego a su propósito.

En tiempos de polarización y ataques a la legitimidad del Estado, conviene mirar con atención estos gestos. Son la prueba de que, pese alos embates del populismo, desconfianza y las amenazas a seguridad, nuestras instituciones siguen siendo el muro de contención que sostiene la democracia.

En un país donde la política tensiona los límites de la Constitución, resulta significativo que las instituciones recuerden, con hechos, que las reglas importan. La elección del nuevo magistrado de la Corte Constitucional, en un proceso trasnparente, elegió a Carlos Camargo con 62 votos frente a 41. Y la decisión del Consejo de Estado de frenar el decreto presidencial 0755 de 2025 que intentaba saltarse al Congreso, son señales claras de que los contrapesos funcionan y que la democracia no se rinde a los atajos. El Congreso, con todas sus imperfecciones, ha demostrado en debates recientes que sigue siendo el escenario natural para procesar diferencias, crear consensos y recordarle al Ejecutivo que en democracia las transformaciones deben pasar por la deliberación plural y no por decretos improvisados.

También vale resaltar la independencia ténica del Banco de la República. Pese a la presión del Ejecutivo, la Junta mantuvo la tasa de interés en 9,50 % recordándonos que las decisiones económicas deben responder a criterios técnicos y no a urgencias políticas. Lo mismo la justicia constitucional, al devolver la operación de Sanitas a Keralty, ratificando que el debido proceso es innegociable y que la seguridad jurídica es esencial tanto para los usuarios como para la sostenibilidad del sistema de la salud.

A estos ejemplos se suma la labor de la Registraduría Nacional. El registrador Hernán Penagosha defendido la independencia de le entidad y socializado, incluso ante organismos internacinales, las reglas para las elecciones de 2026. Recorre el país haciendo pedagogía, consolidadndo el censo electoral y sembrando confianza. Como él mismo lo dijo: «En la historia moderna de Colombia no ha habido la primera señal de fraude en unas elecciones presidenciales».

Estos epidodios muestran que, pese a las tensiones, las instituciones actúan como muro de contención frente al poder desbirdado. Aunque a veces sileciosos, sus gestos confirman que hay límites y contrapesos reales, que la democracia no depende de un solo poder y que vale la pena reconocer lo que funciona.

¿Por qué no como ciudadanía hacemos nuestra parte? Debemos cuidar el lenguaje al expresarnos sobre las instituciones, evitar generalizaciones dañinas y celebrar la indpendencia de quienes las componen. Acusaciones ligeras restan legitimidad y debilitan la posibilidad de vigilar y controvertir dentro del marco institucional.

Porque el verdadero riesgo no es que las instituciones fallen; es que como sociedad dejemos de creer en ellas. La desconfianza es corrosiva: erosiona la legitimidad y abre la puerta al caos.

rodear a las instituciones no significa aplaudirlas sin crítica, sino reconocer su rol, exigir su independencia y defenderla de captura política o del desprestigio. Hoy debemos cuidarlas, valorar su servicio y confiar en que son el pilar que sostiene nuestra democracia. Las instituciones si funcionan, y en esa verdad descansa la esperanza de Colombia.

En Proantioquia rodeamos con contundencia a las institucionesm creemos en sus funcionarios, apoyamos sus deciones y vemoscon orgullo su valentía en esta coyuntura.

Juliana Velásquez Rodríguez….presidente Ejecutiva de Proantioquia….. El Colombiano…septiembre 2025

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Un viaje de Antioquia: Turismo, cultura y entretenimiento

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El turismo es un fenómeno emergente que llegó para quedarse, y que en Medellín y Antioquia acogemos con una mirada de posibilidad, con la disposición de aprender del mundo y sumar nuestras características únicas que lo convierten en una palanca de desarrollo sostenible para nuestra región. Solo en el 2025, en Medellín recibimos a 2.1 millones de visitantes, según el Sistema de Información Turística, SIT. El turismo es más que un «boom», es un renglón creciente de la economía que se convierte en un propósito colectivo. El propósito de nuestro proyecto de futuro colectivo. El propósito de nuestro proyecto de futuro y de todas las instituciones que lo componen es convertir el boom en una constante historia de éxito sostenido.

Con ese propósito, tuvimos la oportunidad de visitar Nantes y Burdeos, en una misión técnica de exploración por invitación del Instituto Francés de Colombia y la Fundación Compás Urbano, para aprender de innovación territorial, turismo cultural y comunitario, promoción de destino y gobernanza turística; vista que nos reafirmó algo que ya nos dicen los datos en nuestro proyecto de futuro sobre el turismo de Medellín y Antioquia: el turista internacional, que es el 58.7% de nuestros visitantes, se queda más, gasta más y regresa más.

El viaje es Antioquia, su historia y su gente. Y es en este viaje en el que nos unimos muchas instituciones públicas y privadas, con el fin de diseñar un modelo de turismo, un sueño en forma de estrategia colectiva, que además de generar desarrollo económico, propicie el desarrollo social y ambiental de nuestros territorios, un turismo sostenible y perdurable que transforme la percepción del turista y atraiga nuevos visitantes.

Ciudades como las que visitamos en la Misión, entienden que la cultura y el turismo no son sectores aislados, sino una red que construye con el territorio para mejorar la calidad de vida de las personas. El caso Nantes es ejemplar, la ciudad ha logrado que el arte en el espacio público y los eventos culturales anuales se conviertan en el orgullo local y un atractivo turístico, transformando la ciudad y generando contenido nuevo constantemente. En Medellín transitamos el mismo camino: solo este fin de semana, el concierto de Ryan Castro dejó una derrama económica cercana a los 7 millones de dólares, con 50 mil asistentes, de los cuales más de 22 mil fueron visitantes. turismo y entretenimiento de la mano de nuestra industria musical.

En el caso de Antioquia, nace la gran oportunidad. Francia concibe el patrimonio como un motor dinámico para el desarrollo territorial, integrando vivienda, comercio, turismo y participación ciudadana. Imaginemos juntos este viaje por el mar de Urabá, el patrimonio de Jericó, Jardín, Santa Fe de Antioquia; los charcos de San Rafael, San Carlos y Cocorná o la tradición artesanal de Rionegro, La Ceja y el Carmen, entre muchas opciones. Un viaje por Antioquia con el sello de la naturaleza y la cultura.

El futuro de los territorios se escribe se escribe con relatos, y en Medellín y Antioquia lo tenemos claro: en Medellín no se observa la historia, se participa en ella. Nuestra marca es la resiliencia. Y en Antioquia, el patrimonio y la naturaleza son una ventaja competitiva única.

Juliana Velásquez…

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El enemigo común

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La contienda electoral exige altura, claridad, y sobre todo, sentido estratégico. No se trata de eliminar al contradictor dentro del mismo espectro democrático, sino de entender dónde está la verdadera amenaza para el país.

Hoy, las campañas de Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo deben comprender que sus diferencias son naturales en democracia, pero no pueden convertirse en una fractura irreversible. Colombia espera que estos liderazgos, desde sus matices, sean capaces de construir un camino de unidad hacia la segunda vuelta.

El adversario real no está dentro de ese grupo. El verdadero desafío está en la candidatura de Iván Cepeda, quien representa la continuidad y profundización del proyecto político del petrismo. Un proyecto que, a lo largo de los años, ha mostrado cercanía ideológica con estructuras que han atentado contra la institucionalidad del país, como el ELN y las FARC. Basta recordar episodios ampliamente conocidos que evidencian esas afinidades.

Además, los riesgos no son únicamente ideológicos. Existen alertas serias sobre el contexto electoral. La Misión de Observación Electoral (MOE) ha advertido sobre un incremento significativo en los factores de riesgo electoral. En su más reciente informe, se identificaron 170 municipios con algún nivel de riesgo por fraude o violencia, de los cuales 81 están en riesgo extremo, lo que representa un aumento del 65% frente a 2022.

Estos datos no pueden ser ignorados. Reflejan un entorno donde la presión de actores ilegales y la debilidad institucional pueden incidir en los resultados democráticos.

Colombia enfrenta un momento decisivo. La democracia no puede darse por sentada, y la libertad de los ciudadanos requiere ser defendida con determinación. El país reclama grandeza de sus líderes: unidad para recuperar la seguridad, corregir el rumbo del sistema de salud, evitar una crisis energética y enfrentar los desafíos fiscales con rigor técnico.

En los recorridos por distintas regiones, una preocupación se repite: la división entre quienes deberían estar construyendo una alternativa. La confrontación interna debilita, confunde al electorado y termina favoreciendo al verdadero adversario.

El riesgo es claro. Iván Cepeda ha manifestado su intención de dar continuidad al gobierno de Gustavo Petro, profundizando su modelo político. Esto implicaría, previsiblemente, mayores tensiones institucionales, incertidumbre económica y un debilitamiento de sectores fundamentales como el de salud, y estratégicos como el minero-energético, claves para el desarrollo del país.

Colombia no puede permitirse avanzar hacia un escenario de mayor polarización, inseguridad y deterioro económico. Tampoco puede normalizar la persecución política ni el debilitamiento de la oposición.

La responsabilidad es clara, quienes defienden la democracia, la libertad individual, la seguridad y el crecimiento económico deben actuar con inteligencia y sentido de propósito. No se trata de renunciar a las diferencias, sino de entender que hay un objetivo superior.

Divididos, perdemos todos. Unidos, Colombia gana y derrotamos a los que están destruyendo al país.

Juan Espinal… abril 2026

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El amor nos hace libres

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Esta semana de experiencia profunda de espiritualidad cristiana, es una invitación para toda la sociedad a detenerse, guardar un espacio de silencio, discernimiento y oración.

En medio de la actividad cotidiana, nos convoca a mirar no solo hacia afuera, sino hacia adentro; a preguntarnos qué estamos construyendo como país y qué papel jugamos cada uno en el destino como sociedad.

La «economía interior» se activa cuando dejamos de culpar siempre al otro y asumimos que el rumbo de Colombia también depende de nuestras decisiones autónomas y responsables. Una estrofa del Himno Nacional recuerda una verdad difícil de olvidar: «La humanidad entera, que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz».

Una de estas palabras nos invita a pedir perdón por la incoherencia histórica de nuestro sistema político: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23,34). Parte de esta incoherencia ética y oral es la consecuencia de liderazgos políticos sin autoridad, incapaces de servir a todos sin discriminar. son dirigentes que no nos representan, porque su discurso se ha vaciado de compromiso real con la justicia social.

La cruz no solo fue un madero; fue el producto de una política que prefirió sacrificar al justo antes que alterar los privilegios del sistema, y de una estructura religiosa que no se comprometió con el valor y la dignidad del ser humano.

Cuando la política se desconecta del reconocimiento del otro como persona portadora de una dignidad inviolable, se abre la puerta a su instrumentalización. Así, corrupción, indiferencia y violencia se vuelven síntomas de una sola enfermedad: la pérdida de lo humano.

Hoy, Colombia, está atrapada en este círculo vicioso; muchos se «lavan» las manos con las sucias de la corrupción; otros «niegan»; otros «traicionan» las instituciones que juraron respetar; otros «niegan» la verdad para venderse al sistema. Y no faltan quienes, sin criterio, «siguen» el ruido desorientador de multitudes desinformadas y polarizadas. Necesitamos un acuerdo fundamental: ser libres.

La posibilidad de una sociedad justa depende de nuestra capacidad de cargar juntos la cruz de los más vulnerables, sin delegar esa responsabilidad en otros. en la gloria que buscamos no cabe el crucificar al adversario, sino la resurrección junto a aquel que piensa, cree y siente distinto.

«En el Resucitado, Dios nos revela que el amor es la única fuerza capaz de transformar la historia».. León XIV

Padre Diego Marulanda Díaz… Rector general… Universidad Pontificia Bolivariana….Portafolio ..marzo 2026.

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