Connect with us

26 Líneas

Confesiones de un mascador de chicles terapéuticos

Notas y Noticias

Publicado

431 Vistas

Comencé la experiencia con Nicorette para cumplir una tarea de periodista nada más. El periodismo es la actividad principal, o la rutina preponderante en la cual devengué por años el dinero necesario para aprovisionar la mesa familiar, vestir el cuerpo mortal, regalar los anaqueles de mi biblioteca, y comprar cigarrillos. Cigarrillos y cigarrillos.

Después de una vida de fumar, me había acostumbrado, muchas veces de malas pulgas, a convivir en enemistad entrañable con el vicio. A pasar con él como si el cigarrillo fuera un alma suplementaria, un apéndice necesario en mi organización física, un prójimo sombrío de emanaciones sutiles, y había decidido aceptarlo como un rasgo de carácter los próximos veinte o treinta años felices (o treinta y cinco), que deben quedarme de existencia. Si de aquí allá no inventan la eternidad como inventaron Nicorette, la clonación de ovejas, el cigarrillo y los fósforos, las boquillas y los ceniceros.

Pero cuando me propusieron la experiencia de hacer el intento de abandonar el tabaco con la ayuda de un rectángulo amarillento de apariencia inocente(llamado Nicorette reconsidere la decisión de coexistir en paz con esta vieja manía de comer humo. ¿Por qué no renunciar a costumbre ominosa del ¿fumófago? ¿Por qué vivir adosado a este fantasma de humo que me acompaña donde quiera que voy, envolviéndome en velos hediondos?.

Y aquí estoy dándole vueltas a la goma de mascar, dale que dale, en contra del mal instinto. Mientras dos cajetillas de cigarrillos esperan muertas de celos sobre el escritorio con la bocas abiertas de estupefacción. Hoy, si las cuentas me cuadran, completo la primera semana de traicionarlas con este cicle terapéutico.

Leí con atención las leyendas exteriores de la caja, y las instrucciones de adentro. Estas prometen convertir Nicorette en un aliado poderoso para decir STOP, hasta siempre, al cigarrillo, bajo una condición: que uno tenga ganas de dejar de parecer una fábrica, un tren viejo, o un anacrónico dragón, vomitando humo por los respiraderos.

Pensé que las ganas, es decir, la falta de ganas de fuma, iban a constituirse en un obstáculo. Más después de leer el plegable dentro de la caja, puse para cumplir el experimento la primera pastillas sobre esta vieja lengua usada en distintos debates eróticos, retóricos y en la simple charlavana, el compuesto de resinas de nicotina, xylitol, goma, carbonato y bicarbonato de sodio, mentol, óxido de magnesio, y amarillo de quinolina número E 104 que le da el color.

Lo que más espanto me producía la perspectiva de dejar de fumar era la hora de escribir. Mis facultades intelectuales, pocas o muchas, se habían detenido siempre sin una caja de cigarrillos a la vista, y habían quedado reducidas a nada mis habilidades para la mecanografía, que es el arte de volar por el cielo del alfabeto con los dedos, y de conectar las huellas digitales, en una escritura personal como las huellas digitales, con las circunvoluciones madrepóricas del cerebro. Siempre me sentí incapaz de escribir una sola palabra sin la compañía de la serpiente de humo reptando por la habitación, hilvanando azules por el estudio. El cigarrillo era la última musa para mí. Y sin embargo aquí estoy ahora escribiendo. Y no fumo.

El primer día, ante el miedo de enfrentar la escritura sin el cigarrillo, apagué el computador. Lo mejor era entregarse, para comenzar, a esa otra extraña pasividad del ciudadano moderno que se llama ver televisión. Y me eché en un sofá con la pastilla amarillenta en la boca. Y me di a practicar el único deporte que ejecuto con cierta destreza: el zapping, que halló en el control remoto un destino mejor que matar pulgas para el misterioso dedo pulgar que nos convirtió, según dicen, en homo faber.

Cuando el alma de los hombres se cansó de ensoñar, inventó el televisor para que ensoñara por ella. Y después, el control remoto. Las maravillas y las miserias del mundo ahora están a un golpe del dedo pulgar.

Mientras amasaba a muelazos la pastilla y ejercitaba el pulgar analicé lo que pasaba en mi espacio psicológico. Puede ser la causa del efecto placebo. Pero puede no ser. El hecho es que de improviso, el cigarrillo comenzó a desvalorizarse ante mí como una torpe costumbre, como un atavismo bobo, y bobo. A medida que avanzaba en la demolición del cicle, mientras iba sintiendo el picante previsto en las instrucciones, sentí debilitarse en mí la falta de ganas de dejar de fumar y la indiferencia ante el enemigo cigarrillo.

El picante significaba que el chicle comenzaba a irrigar en el torrente sanguíneo a través de las mucosas de la boca, la fatal materia llamada nicotina, principal adictivo de estos cilindros venenosos que venden por todas partes en paquetes o al menudeo, y cuyas consecuencias son la anoxia, o ausencia de oxígeno en la oscura sangre homérica, la disminución de la alegría de vivir y la concentración y la potencia sexual, el epoc, el aliento de letrina y un largo etcétera de males más o menos inicuos que la simple ronquera. El lector urgido por esta clase de conocimientos morbosos puede consultar en los archivos del Ministerio de Salud los nombres de todas esas otras cosas terribles que contribuyen al desprestigio del cigarrillo y poco a poco convierten a los fumadores en seres de segunda clase, repudiados en todas partes, incómodos y peligrosos para los demás y para sí mismos.

El hecho es que sentí cómo se marchitaban en mí las eternas disculpas que los fumadores sacan a relucir en todas partes para justificar la dependencia contra las evidencias científicas. Las disculpas positivas, como el escritor alemán Ernst Junger que murió centenario, y fumando, o esa tía que todos tenemos en la familia que mantuvo una colilla colgada al desgaire en el labio inferior mientras enterraba a todo el mundo, incluidos los sobrinos deportistas. Y las negativas, es decir, los sobrios sobrinos que jamás se pusieron un cigarrillo en los labios y la parca los alcanzó de todos modos mientras corrían desalados bajo las frondas de un parque.

Siento que el chicle hace irrisoria la perversión del cigarrillo. Habiendo otros vicios mejores, por qué fumo, pregunto. Y mastico. El cigarrillo es tan artificial que jamás soñé que fumaba. Nunca pude llevar mis cigarrillos a mis sueños. Pienso.

Una de las peores perversiones del cigarrillo, herencia de caníbales que globalizó este mundo antes del neoliberalismo, es haberse involucrado en otras inclinaciones humanas, como las alcohólicas conquistas quintaesenciales de la alquimia, el café, gloria de la agricultura, la perezosa, paraíso de tela, y el amor. Dicen que el amor, o la entrega sexual, solo se hace perfecto con un martini antes y un cigarrillo después.

Al final no supe qué pasaron por el televisor mientras consumía la primera porción de Nicorette. Sé que descubrí que no había fumado un solo cigarrillo y casi era noche. Noté que el aire de la casa tenía una diafanidad desacostumbrada. Y no hedía. Al anochecer no pude contenerme, escondí los Nicorette debajo de un cojín y encendí un cigarrillo. Pero lo hice con remordimiento. El remordimiento implicaba la posibilidad de superarlo.

No sé si es el efecto placebo. O la introspección, la observación de mí mismo. En cualquier caso, poco a poco se me revela un sentimiento nuevo. Si a la postre no dejo de fumar con Nicorette, habré aprendido algunas cosas sobre mí mismo y habrá cambiado mi relación con este objeto miserable que me esclaviza. En todo caso, he rebajado hasta hoy a diez la dosis de cigarrillos cotidianos que llegaba a veinte. Y anoche pude mirar la luna sin el eterno cigarrillo entre los dedos. Siento que el Nicorette propicia una reflexión necesaria, un alejamiento, cierta imparcialidad que me permite contemplar el cigarrillo como una cosa que no me pertenece del todo, y de la cual me es posible prescindir.

Que Dios, si no fuma, y Nicorette me ayuden.

Eduardo Escobar…(1946- 2024)…. Revista Soho…diciembre 2008

Click to comment

You must be logged in to post a comment Login

Leave a Reply

26 Líneas

Los nombres de la reconstrucción

Publicado

141 Vistas

Doña Ofelia se quedó sin casa en una vereda cafetera de Ciudad Bolívar. En un albergue del Chocó, Isabela, Luis y David acompañaron a familia que enterraban a los suyos. En la vereda El Plomo en Pereira, Nanpa Básico y un grupo de jóvenes aprendieron a leer una grieta antes de aprender a repararla. Ninguna de estas historias aparece en un informe y ninguna cabe en una cifra, y sin embargo en ellas pasa lo más hondo que hoy le pasa al país. La reconstrucción de Colombia tiene el tamaño de una casa, de un albergue, de una pared partida. Esta semana quiero contarla así, como se cuentan siempre las cosas que de verdad importan, con nombres propios.

A doña Ofelia se le cayó la casa. No hubo que explicarle a sus vecinos de la vereda Jaramillo, en Ciudad Bolívar, qué hacer con lo que quedó en pie: la misma comunidad hizo convite para tumbar los escombros, sacarlos y dejar el predio listo para que pronto llegue su nuevo hogar de la mano de la Fundación Argos. Una comunidad que vive del café, de la mula que carga bultos y la polea que los transporta por la montaña, se organizó en medio de la emergencia para ayudarle. La reconstrucción, ahí, ya empezó antes de que llegara el primer ladrillo.

En el Chocó, la reconstrucción tomó otra forma. La Gobernación pidió apoyo psicosocial para las comunidades afectadas, y desde la Corporación Presentes, con su aliado Emergencia Apolo, Isabela, Luis y Davis pasaron una semana recorriendo albergues y territorios. Atendieron niños, acompañaron a familias que enterraban a los suyos, hicieron remisiones cuando la angustia superaba lo que una conversación podía resolver. En el coliseo Bladimiro Garcés y en el resguardo indígena Emberá Dobidá, caracterizado por necesidades. qué faltaba, quién lo necesitaba, cómo dirigir la ayuda que venía en camino. Reconstruir, ahí, significó cuidar la salud mental para que las personas tuvieran con qué enfrentar todo lo demás.

Y en la vereda El Plomo, en Pereira, tres viviendas quedaron con daños estructurales que un ojo entrenado sabe leer: cubiertas colapsadas, tejas agrietadas, placas asentadas sobre rellenos mal compactados. Nanpa Básico, figura del rap nacional, acompañado por jóvenes del Movimiento Sociocultural Transformadores Ongoing, hizo el diagnóstico técnico antes de mover un solo material: qué se podía consolidar, reforzar, reemplazar. Cuando el diagnóstico ya estaba listo, quisimos aprender de esta dinámica y ojalá sumar con nuestras capacidades. No inventamos el proceso ni lo lideramos: encontramos una ya uno organizado y nos sumamos con agilidad, lo que permitió que la obra empezara en menos de una semana.

Estas historias nos enseñan algo simple: que la reconstrucción no es una sola cosa mi la hace un solo actor: unas veces es una comunidad que convoca a vecinos, otras un acompañamiento que no toca ni ladrillos, y otras un diagnóstico técnico esperando que alguien responda rápido. El papel de instituciones como la nuestra no siempre es empezar el proceso ni liderarlo; muchas veces es reconocer uno en marcha, y sumarnos con lo que tenemos sin quitarle protagonismo a quien lo inició.

Cuando alguien pregunte en años, si la reconstrucción funcionó, la respuesta va a estar más allá de las cifras. La encontraremos en doña Ofelia durmiendo bajo un techo propio, en los niños atendidos en el Chocó a jugar sin sobresaltos, en las tres casas de El Pomo que resistieron el próximo aguacero. En los nombres de personas y comunidades vivas sabremos si reconstruimos bien. Que no se nos olvide, el anuncio solo importa en la medida en que as víctimas nos sienten cerquita, donde la coherencia se traduce en ejecución rápida y en la medida en que nos articulamos para el único propósito de salir de esta emergencia juntos, fortalecidos y mejor de lo que estabamos.

Juliana Velásquez Rodríguez.. presidenta ejecutiva Proantioquia… septiembre 2026.

Continuar Leyendo

26 Líneas

De la generosidad a la ejecución

Publicado

451 Vistas

Colombia respondió rápido, y respondió de todas las formas en que se pueden dar. Dimos en efectivo: los empresarios aportaron más de 1,5 billones de pesos. Dimos en especie miles de toneladas de ayuda, agua, alimentos, medicamentos, maquinaria prestada, los camiones que salieron cargando sin fin preguntar quién pagaba el combustible, llegaron a sitios donde no llegaba nada más.. Y dimos en capacidad, la forma más valiosa y la que menos se nota: bomberos, ingenieros estructurales y técnicos de acueducto que dejaron sus ciudades para trabajar día y noche; expertos en bareque de Boyacá y el suroeste antioqueño compartiendo sus deberes; universidades que diagnosticaron el territorio; empresas que movieron carga por carreteras rotas; organizaciones que ejecutaron a tiempo y rindieron cuentas. Nadie tuvo que pedirlo dos veces. El colombiano de a pie, pura cepa, nos recordó algo traspapelado: este país sabe unirse.

Esa tercera forma de dar es la mejor noticia que nos deja esta emergencia, porque es justamente la que más va a hacer falta de aquí en adelante. Conocimiento técnico, capacidad de gerencia, logística, sistemas de seguimiento, gente con experiencia en obra y en territorio. Eso es lo que convierte un recurso en una escuela abierta, y es lo que hoy Colombia tiene de sobra.

Porque la solidaridad es un momento y la ejecución es una disciplina. La reconstrucción exige más de 30 billones de pesos y varios años de trabajo terco, muchas veces sin cámaras. Ese es el tramo que decide todo, el que va del anuncio a la obra entregada, y es exactamente donde el país tiene hoy la oportunidad de mostrar de qué está hecho. Lo que sigue ya no es conmover. Es entregar: una casa, un colegio abierto, un puesto de salud funcionando.

Colombia ya hizo este ejercicio y le funcionó. El FOREC reconstruyó el Eje Cafetero después del terremoto de 1999y nos dejó un camino recorrido que hoy nos ahorra tiempo. Aprendimos que concentrar los recursos en una sola instancia evita que se dispersen y se pierdan. Aprendimos que la ejecución descentralizada, con gerencias zonales autónomas respaldadas por universidades, cámaras de comercio y ONG, llega más lejos que cualquier estructura centralizada. Aprendimos que dejar que las familias escogieran su solución de vivienda, con constructores compitiendo, bajó los costos casi a la mitad. Y aprendimos que la celeridad es parte del resultado: el FORERC reconstruyó en tres años lo que en tragedias comparables tomó el doble, con un costo de operación de 4,93 % de lo invertido, una fracción de lo que cuesta administrar recursos públicos por las vías ordinarias.

Hiy el recién creado Fondo Milagro asume ese reto. es una misión mayor, que corre en paralelo al Plan Nacional de Desarrollo y que tiene que conectar la reconstrucción con el futuro que el país entero necesita construir. Le va a exigir impecabilidad, transparencia y velocidad; articulación con quienes tienen conocimiento técnico y del territorio; capacidad de adaptarse; y foco en las personas antes que en los procedimientos. estamos listos para ayudar a que le vaya bien, porque si al Fondo le va bien, le va bien al país.

Nosotros, mientras tanto, ya arrancamos. En Andes y Ciudad Bolívar, con una focalización conjunta de la Gobernación de Antioquia, Argos, Comfama y Proantioquia, montamos un piloto para mostrar resultados rápido y probar el modelo. Definimos especialidades de intervención, sedes educativas, vivienda nueva, centros de salud e iglesias, para canalizar la capacidad de cada institución donde efectivamente sirve. Y diseñamos una gerencia que hace match entre el recurso, público o privado, y el mejore ejecutor para cada especialidad, con Proantioquia coordinando, haciendo seguimiento, sistematizando aprendizajes y corrigiendo el rumbo cuando haga falta.

El paso siguiente es hacerlo a mayor escala con Reconstrucción por Impuestos REXI, para que el impuesto de las empresas se convierta directamente en obras en los municipios afectados, con estándares, plazos y auditoría. adaptado a cada territorio, sin fórmulas genéricas. La ambición es fácil de enunciar y difícil de lograr: convertir la generosidad, que ya está probada, en ejecución real en el corto, el mediano y el largo plazo.

La generosidad ya la demostramos todos, y la demostramos completa. Ahora viene la parte menos fotografiable y más satisfactoria: entregar. Colombia ya mostró que sabe unirse. Vamos a mostrar que sabe construir.

Juliana Vélasquez Rodríguez….Presidenta ejecutiva Proantioiquia..agosto 2026

Continuar Leyendo

26 Líneas

Más de 660 MiPymes impulsan su crecimiento con proyectos de fortalecimiento en agroalimentos, turismo y moda

Juanfer Alzate

Publicado

623 Vistas

Cerca de 391 micro, pequeñas y medianas empresas del departamento, pertenecientes a los sectores agroalimentos, turismo y moda, son impactadas en 2026 por tres proyectos de fortalecimiento empresarial liderados por la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia y Comfenalco Antioquia, en alianza con la Gobernación de Antioquia y las cámaras de comercio de Urabá, Aburrá Sur, Oriente y Magdalena Medio y Nordeste Antioqueño.

Este impacto en 2026 se suma a los resultados alcanzados en 2025, cuando los tres proyectos beneficiaron a 275 MiPymes, para un total de 666 unidades productivas. Esto evidencia una apuesta sostenida por el fortalecimiento empresarial en Antioquia y la consolidación de procesos que promueven la competitividad, la formalización y el acceso a nuevos mercados.

Rubén Augusto Valencia Sánchez, director de Competitividad de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, explicó que estas entidades se unieron para fortalecer el trabajo de las empresas y “potenciar sus capacidades productivas, comerciales y de innovación, con el fin de contribuir al desarrollo y la competitividad de la región”.

Rubén Augusto Valencia Sánchez, director de Competitividad de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia

Asimismo, Liliana Galeano Sarmiento, gerente de Empleo y Emprendimiento de Comfenalco Antioquia, destacó que “entre 2025 y 2026, los programas han beneficiado a más de 660 empresas de las diferentes regiones del departamento, así como a sus trabajadores. Esta alianza interinstitucional aporta al crecimiento, la productividad y el desarrollo de nuestras empresas”.

Alcance de los proyectos en 2026:

  • Impacto Positivo Capítulo Agroalimentario: brinda cursos inmersivos en agricultura sostenible y valorización de productos a 170 MiPymes del sector agroalimentario en las regiones del Suroeste, Occidente, Oriente, Urabá, Norte y Aburrá Sur. Además, se contempla una ruta de aceleración de hasta seis meses con empresas participantes de ediciones anteriores, con una inversión de hasta $10 millones por empresa, orientada a aspectos como viabilidad técnica, fortalecimiento digital, certificaciones y escalamiento productivo.
  • Más Turismo Más Negocios: impacta a 140 unidades productivas y fortalece las capacidades estratégicas, comerciales y operativas de empresarios del sector turismo en Antioquia. La ruta de formación incluye diagnósticos tipo cliente incógnito, inmersiones prácticas, mentorías, ruedas de negocios y una pasantía internacional para cerca de 15 empresarios.
  • Moda 360: beneficia a 81 MiPymes del ecosistema moda, mediante diagnósticos al inicio y al final, formación en productividad y asesorías personalizadas para la implementación de mejoras en cada empresa, con el propósito de impulsar la competitividad y la sostenibilidad de la cadena de valor.

Uno de los beneficiados es Juan Carlos Hernández, representante legal del restaurante El Piel Roja, en Santa Fe de Antioquia, quien destacó el valor del programa Más Turismo Más Negocios. “Aprendí técnicas para saber costear platos y mejorar la atención al cliente. Nuestro reto ahora es captar más clientes del municipio; ya contamos con turistas que se van muy contentos con la sazón, la ubicación y los precios”, afirmó.

Juan Carlos Hernández, representante legal del restaurante El Piel Roja

La Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, como agencia de desarrollo regional con 122 años de fundación, trabaja en red con más de 500 aliados para sumar capacidades y conocimientos, y así ampliar el impacto en las empresas del departamento.

Continuar Leyendo

Populares