La vida es corta ¿y suficiente?

La vida pasa rápido. Bien dice el salmista: “El ser humano es como un suspiro, su vida es como una sombra que desaparece rápidamente” (Salmo 144,4). Esta no es una afirmación que deba llenarnos de tristeza porque con ella no agregamos días, sino que debe ser una motivación para comprometernos con el presente y con las personas que amamos.

Sí, saber que la vida se puede acabar de un momento a otro debe ser un incentivo para vivir en el aquí y el ahora, aprendiendo todo lo que podamos, desarrollando nuestras habilidades, respondiendo inteligente y disciplinadamente a los desafíos que tenemos. La razón de la existencia no está en el ayer o en el mañana, sino en lo que vivimos hoy. Entendemos que el presente siempre está tejido con hilos de alegría y dolor, de éxitos y fracasos, de conquistas y pérdidas, de satisfacciones y necesidades. Esto implica disfrutar sabiendo que este no puede ser absoluto; para que tenga sentido, se requiere la limitación. El compromiso con el presente, entonces, no está sujeto a que todo esté bien o pleno porque eso no solo es imposible, sino destructivo; para moverse necesitamos desear, y el desear siempre está sujeto a la no-presencia, a la necesidad.

Saber que algún día las personas que amo ya no estarán o que yo no estaré debe llevarme a sumergirme en un estado de melancolía, sino a demostrarles más intensamente cuanto los amo, a tratar de disfrutar de su presencia, a cuidarlos y cuidar el vínculo que tenemos. A veces, extraño a mi papá que está en el exilio eterno y recuerdo todos los momentos que viví con él, la manera como reímos, cantamos y sus gestos de complicidad. Entonces me lleno de serenidad y alegría, y entiendo que lo importante fue lo vivido. La tragedia es cuando las personas se van y sentimos que nos faltó darles más amor, compartir más con ellos, o se van sin que hayamos hecho la paz después de algunas de las tormentas que se tienen con la gente que uno ama. Desperdiciar el presente a veces se expresa en no compartirlo con las personas que amamos por desidia o por falta de motivación.

Estoy seguro de que la única forma de que la muerte tenga sentido es que la vida tenga sentido. Esto implica dar lo mejor de nosotros aquí, siendo apasionados por cada minuto que vivimos y a la vez tratando de encontrar propósitos trascendentales. Hay que vivir más de caricias y sonrisas que de serios problemas inexistentes que nos alienan y no nos dejan ser felices de verdad. Creo que Séneca tenía razón cuando decía: “No es la cantidad de tiempo lo que importa, sino cómo lo vives”.

Alberto Linero…El Heraldo….Barranquilla.. mayo 2024

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