Agua, un bien y un derecho común a ser protegido y garantizado

La gobernanza ambiental vista desde los derechos humanos permite desarrollar procesos de toma de decisiones sobre conservación y protección ambiental que contribuyan a la paz territorial. Hablar de gobernanza del agua en Colombia implica reflexionar sobre el rol vital del agua en la configuración de los sistemas de gestión ambiental, en la garantía de los derechos humanos y, sobre todo, de relaciones bioculturales que se tejen y recrean en torno los ecosistemas hídricos. RElaciones cruzadas por el conflicto y la paz, por la esperanza y la resistencia.

Mauricio Madrigal, abogado y docente, habla de gobernanza del agua desde los derechos humanos, y cita el Acuerdo de Escazú como un instrumento fundamental para la justicia ambiental y el acceso a la información por parte de las comunidades en los territorios.

Por eso, para un país en el que la abundancia del recurso hídrico debilita la conciencia de lo finito, y da como un hecho lo que equivocadamente se cree inagotable, no solo se trata de garantizar el acceso al agua. El desafío está en crear y promover espacios de toma de decisiones en torno al agua, en los que se diriman los conflictos que se tejen alrededor de este recurso, se escuche a todos los actores para lograr consensos y soluciones inclusivas, y donde se genere su nuevo conocimiento para las comunidades de cara a las presiones climáticas que cada vez son más feroces.

Lo decía Gonzalo Duque, profesor de la Universidad Nacional de Caldas, en el «Encuentro por el agua y la energía renovable» en Manizales: «Pobladores y comunidades están ávidos de conocimiento y capacitaciones para hacer frente a los efectos del cambio climático. La academia debe involucrarse de manera más activa en generación de conocimiento alrededor de la adaptación al cambio climático».

LA gobernanza – señala el MInisterio de Ambiente y Desarrollo Sostenible- implica poner a disposición las diversas capacidades, herramientas, competencias y condiciones de los involucrados en función de los propósitos comunes que se acuerden. La tarea, entonces, nos convoca a todos. De ahí la importancia de una participación inclusiva, que no se limite únicamente a tener presentes en espacios de diálogo a representantes de las comunidades, sino que los guie para atender las amenazas que aquejan al agua y su gente, y que sus conocimientos alienten soluciones diferenciales, en entornos que nadie mejor que ellos conocen.

Para ello, es vital una información alejada de lo técnico. «Necesitamos hablar lo más claro posible, incluso desde términos muy puntuales como el cambio climático. Las personas deben entender cómo nos afecta a cada uno de nosotros y eso se logra con educación», resaltaba María Fernanda Cuartas, representante de la sociedad civil, en el Encuentro en Santander.

En estos 30 años de trabajo en Colombia, enfocados siempre en conservar lo que es más importante para todas las personas, nuestra premisa en WWF ha sido y será fortalecer las capacidades de las comunidades para, juntos,lograr una armonía entre las personas y la naturaleza. Intervenciones como la denominada «Áreas Protegidas y Paz» son el fiel reflejo de la construcción de acuerdos colectivos de conservación, que integran y hacen vinculantes los sentires de las comunidades tradicionalmente marginadas de la toma de decisiones ambientales.

La base de toda iniciativa debe visibilizar, respetar y promover los conocimientos, prácticas y saberes comunitarios, tanto étnicos como de comunidades afro y campesinas, en la garantía de la participación para la toma de decisiones sobre la conservación ambiental. Solo con las voces de todos se logra un mejor entender de bien común como el agua.

Sandra Valenzuela… Directora ejecutiva de WWF Colombia.. Encuentros por el agua y la energía renovable… 2023. REvista bibo… El Espectador.

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