Agua que no has de beber…

Agua que no has de beber…… cuídala, protégela. ¡Es vida! El agua es un derecho que debemos proteger. ¿Por qué? Porque el agua es energía, es alimento, el agua es bienestar, es fuente de empleo, el aseo y el orden dependen también del agua. Es transformación. El oro líquido es generador de equilibrio ambiental, pero también de grandes desastres, sino se respeta, se protege.

Colombia es un país privilegiado, como quiera que, es rico en cuencas hidrográficas. Tiene 737.000 cuerpos de agua entre ríos, lagunas, caños y quebradas. Es el sexto país con mayor riqueza hídrica en el mundo. Además tiene precipitaciones anuales de 1.800 mililitros aproximadamente. Y como si esto fuera poco el 55 por ciento del territorio es de áreas marítimas.

Sin embargo, el hombre y la sociedad en general han venido sometiendo este importante recurso a todo tipo de cambios y explotación indiscriminada. Algunos por desconocimiento como en el sector rural y otros como la llamada sociedad de consumo que, se dedica a aplicar todo tipo de tecnologías, sometiendo al entorno a una serie de procesos de adaptación con los cuales se pretende mejorar y adecuar terrenos no aptos para actividades como las ganaderas o cultivos no propios de la región.

Pero no solo estos métodos son los causantes de la enfermedad de los ríos del país. La deforestación, la contaminación, la sedimentación y desvió de los cauces, a los que son sometidos por los asentamientos humanos que, se levantan alrededor de estos, y la explotación ilegal de la minería, son algunas de las caucas del cáncer que invade las aguas y los ecosistemas.

¿Qué hacer?

 Hay que “tomar” conciencia de que, recuperar la salud ambiental de los espejos de agua, ríos, lagunas, mares y paisaje, es la tarea que todos y cada uno de nosotros debemos cumplir.

Desde los entes públicos y privados, diseñando estrategias que vinculen las diferentes campañas de educación, prevención, protección y apadrinamiento de los ríos y el sector donde se vive, trabaja o cultiva. Además, aprovechar los recursos técnicos, científicos y económicos existentes.

Nosotros como ciudadanos del común con acciones sencillas pero importantes, desde nuestro hogar, el trabajo, podemos aportar nuestro granito de arena, no arrojando desperdicios a las cuencas de los ríos, apadrinando la siembra de un árbol, compartiendo con vecinos, amigos y familia campañas que inviten al saneamiento, cuidado y mantenimiento de los recursos hídricos que tenemos. Ser más eficientes en su uso.    

Según estadísticas cada colombiano dispone de 40.000 m3 de agua al año. Si no seguimos destruyendo y propiciando cambios rotundos en el comportamiento climático para el 2020 los colombianos tendrían algo así como 1.890 m3 del preciado líquido.

“Cuando bebas agua, recuerda la fuente”. Proverbio chino

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