¡Mejores personas para un mundo mejor!

No falla. Sin importar lo jóvenes o lo viejos que estemos, a pocos días de tirar el calendario a la basura porque agotó su vida útil, nos invade cierta euforia, como si en vez del año fuera a acabarse el mundo. Y como si de la Noche Vieja al Año Nuevo, en cuestión de segundos, pudiéramos hacer borrón y cuenta nueva para empezar de cero y renacer como seres de luz cuya misión en esta vida es ser amorosos, compasivos, humildes, honestos, tolerantes, respetuosos… Y aclaro: yo no soy la excepción, por eso hablo en plural.

De repente nos convertimos en un catálogo de buenos deseos para todos, a la par que hacemos nuestra lista de propósitos, que por lo general incumplimos con la misma rapidez del que se traga doce uvas con las campanadas del reloj. Y aquí también me incluyo.

¿Qué tal si nos proponemos que nuestros deseos de año nuevo no se diluyan entre lo etéreo y lo banal de siempre, como posponer las dietas o jurar que haremos ejercicio? ¿Y qué tal si en vez de estar quejándonos por todo y de todos, nos proponemos ser un poco mejores como seres humanos? Ah, sí, suena muy chévere. ¿Pero cómo se logra?

Se me ocurren varias formas, y todas más fáciles que ganarse la lotería o dejar de fumar:

Quiérase. El amor propio como un recurso inagotable para irradiar a los demás lo bueno que tenemos. Aprenda algo nuevo cada día. Haga que sus virtudes y bondades trasciendan en beneficio de los demás. No se envanezca con ellas. Por más méritos que le sean reconocidos, no haga alarde de ellos. No se enrede en sus errores. Reconózcalos, perdónese, pida perdón y perdone. Mantenga la fe en aquello que crea, llámese Dios, ciencia, universo o energía. Escuche a los demás con disposición, sin esperar que digan lo que usted quiere oír, sino lo que ellos quieren decir. Sea justo con los que dependen de usted. No se quede con nada que les pertenezca, incluidos bienes materiales, reconocimientos y méritos. Esté atento a las necesidades de sus familiares, amigos y conocidos: Incluso donde uno menos piensa hay alguien que puede necesitar un empujoncito, bien sea con apoyo económico o con compañía, cariño y comprensión. Y déselo ya porque de pronto no hay después que valga.

Recuerde que hay vida más allá de la confrontación, y que el silencio también es una respuesta, a veces más elocuente que cualquier insulto. Y hablando de todo, deseo que haya pesos en todos los bolsillos, que calman el hambre y los nervios sin ser la esencia de la vida.

No olviden que “el amor es lo único que crece cuando se reparte”. Antoine de Saint-Exupéry, y yo valido. Y tampoco se olviden de agradecer. Está demostrado que la gratitud trae beneficios para nuestra salud, porque nos brinda bienestar físico y espiritual con el entorno.

Viéndolo bien, no es tan difícil. Y los resultados serán maravillosos.

¡Salud, salud y salud! Y un feliz año 2022. ¡Qué cuentos de “veinte veintidós”!

Elbacé Restrepo…. El Colombiano ..diciembre 2021

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