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Los jóvenes abandonaron el campo

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Según estudio del Departamento Nacional de Estadística- Dane, los campesinos colombianos tienen una edad de entre 41 y 64 años, y hay departamentos en los que la edad promedio supera los 57. Esto significa que en 10 años no tendremos quien siembre comida en Colombia.

¿Qué está pasando entonces en Colombia con las nuevas generaciones de agricultores? En primer lugar, estudios revelan que el total de jóvenes entre los 14 y 18 años ascendió a 12 millones; de esta cantidad cerca del 22% son jóvenes rurales, que en su mayoría no encuentran en el campo oportunidades para desarrollarse y crecer.

El desplazamiento intradepartamental de los jóvenes de la ruralidad colombiana es una realidad que hace referencia al movimiento de ese grupo poblacional del campo a la ciudad, debido a diversas causas que pueden estar determinadas por factores sociales, económicos, políticos y culturales que representan cambios en el desarrollo de la comunidad. Este fenómeno ha generado diferentes procesos que se encuentran conectados a dinámicas de educación, empleabilidad, vivienda y salud.

Existen diversidad de problemáticas, potencialidades, sueños y expectativas de los y las jóvenes del campo que los alejan de sus territorios de origen. La marginalidad histórica que ha tenido el campesinado y el mundo rural en las agendas políticas ha hecho que las oportunidades sean escasas y que estos prefieran, en cuanto se gradúan del bachillerato, buscar nuevos horizontes lejos del ambiente donde crecieron, pero terminan engrosando los cinturones de miseria de las grandes ciudades.

Lo cierto es que hoy el campo y la ruralidad no ofrecen una alternativa sólida para que los jóvenes puedan desarrollar un proyecto de vida con dignidad. Ellos no están dispuestos a repetir la historia de sus padres: 40 años de trabajo, al sol y al agua, manos rasgadas llenas de recuerdos aciagos que se han cristalizado en montañas de cayos y ríos de ampollas que han corrido por las cordilleras del olvido sobre las que han arado estérilmente todas estas décadas para terminar sin una pensión y viendo como con cada bulto que se lleva el intermediario se van también las utilidades que nunca le llegaron.

Sí. Esta novela bien podría llamarse “el campesino no tiene quien le escriba”. Pues, aunque en este caso él no espera una carta, si espera que el país entero empiece a construir una política pública agraria que trascienda el papel y que implique la inversión de al menos 15 billones anuales dirigidos al desarrollo de la industrialización de la producción agrícola nacional, de cara a la conversión de Colombia en la tan cacaraqueada, pero tan poco concretada, despensa alimentaria mundial. Sin esto, créanme, los jóvenes jamás volverán al campo. Nadie querrá estar en el campo produciendo comida y las zonas rurales terminaran, todas, convirtiéndose en zonas de establecimiento de fincas de recreo mientras observamos como la papa, el maíz, el arroz y hasta el tomate lo traemos de Ecuador, Holanda o Estados Unidos.

Rodolfo Correa.. Secretario de Agricultura de Antioquia… La República (Colombia) febrero 2022

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Cambia la forma de gobernar

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Las despedidas siempre motivan el agradecimiento e invitan a reflexionar sobre lo aprendido y lo que se avecina. Hoy cierro el ciclo como columnista de El Colombiano, un privilegio que agradezco a la doctora Luz María Sierra, a las Directivas y al Equipo Editorial que me permitieron conversar, semana a semana, con los lectores de este medio que es sin duda un referente en Antioquia y Colombia.

Gracias a los lectores con quienes a lo largo de estos años compartí reflexiones, apreciaciones y preocupaciones sobre el acontecer de nuestro país, especialmente en los años recientes que fueron tan complejos para la democracia y la institucionalidad; y donde, además del grave deterioro de la seguridad, tuvimos que enfrentar la destrucción del sistema de salud, el deterioro económico, la irresponsabilidad fiscal y un sinnúmero de escándalos de corrupción que involucraron familiares y funcionarios de Petro.

Este tiempo me dio la oportunidad de reconocer, en medio de los ataques permanentes del Gobierno a la libertad de prensa, el coraje de medios como este, que se mantuvo en pie informando y formando con criterio a la opinión pública. Además, encontré muchos ciudadanos que me expresaban acuerdo, desacuerdo o complemento a lo escrito en esas columnas; ahí fui realmente consciente del impacto de participar y promover el debate democrático desde un medio de comunicación como este.

Ahora, gracias a la generosidad del presidente electo De la Espriella, asumiré una nueva responsabilidad de servicio a Colombia desde el Ministerio de Cultura, un reto por lo que representa, por lo que queremos hacer y por mi perfil, tan criticado por algunos para asumir esa cartera.

Creo que la cultura es un tema transversal que habilita la creación y recreación de la identidad de las Naciones, es su alma; es una gran industria que permite la diversificación de la economía, aportando al crecimiento económico, la generación de empleo y la innovación social; es una gran herramienta diplomática (soft power), porque es la mejor manera de llegar e influir en otros países; es una forma de preservar el patrimonio material e inmaterial, y un instrumento que fortalece el tejido social, estimula la unidad y promueve la libertad y el desarrollo humano.

Nuestra tarea será fortalecer la institucionalidad, tener un Ministerio más moderno, menos burocrático, más eficiente, cercano y transparente; reconocer e impulsar el talento de nuestros creadores, artistas y artesanos; proteger nuestro patrimonio; promover la formación de públicos y convertir la riqueza cultural de Colombia en una fuente de prosperidad para miles de familias.

Queremos pasar del asistencialismo a la inversión, fortalecer las industrias culturales y creativas, proyectar el talento colombiano al mundo y hacer de la cultura un verdadero motor de desarrollo. Tenemos instrumentos jurídicos que han servido como modelo internacional y talento creativo con presencia verificada en los mercados más competitivos del mundo; vamos a gerenciar.

Finalmente, los invito para que, como colombianos, nos unamos para rescatar el país y construir la Patria Milagro; aquí no solo luchamos por un cambio de Gobierno, sino por un cambio en la forma de gobernar; superemos el sectarismo, porque como lo ha dicho el Presidente Abelardo, aquí no hay vencedores ni vencidos; trabajemos sin descanso para que Colombia llegue al nivel que merece por su potencial y que eso se traduzca en bienestar para todos nuestros compatriotas.

Paola Holguín….El Colombiano… agosto 2026

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El turismo firma su futuro

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El turismo se fortalece cuando lo público y lo privado caminan con una misma visión. Por eso celebramos que, desde Proantioquia, junto al Área Metropolitana del Valle de Aburrá, la Gobernación de Antioquia, las cámaras de comercio y las alcaldías que integran el Consejo Metropolitano de Turismo, acabamos de firmar un acuerdo de voluntades para trabajar de manera conjunta por la gobernanza, la promoción y la organización del turismo. Esta firma vale más que un protocolo: es una declaración de futuro. Los datos respaldan la ambición. Antioquia se consolidó en 2025 como segundo destino turístico del país, con crecimiento del 64%, diez veces el ritmo nacional. Este año el sector se ajusta, como de resto de Colombia, a expectativas de nuevas políticas, pero eso no cambia lo esencial: el turismo crece más rápido que nuestras capacidades para acompañarlo y ayudarlo a florecer. Esa brecha es la que este acuerdo se propone cerrar.

El mensaje es claro: los grandes retos del turismo solo se enfrentan cuando somos capaces de construir una visión compartida entre instituciones, el sector privado y ciudadanía. El momento es ahora. El sector enfrenta desafíos que trascienden fronteras de cualquier municipio: cambios en las políticas migratorias, nuevas preferencias de los viajeros y una competencia cada vez más intensa entre destinos. Promover un territorio ya no basta; hay que construir las condiciones para que sea competitivo.

Por eso, antes de firmar, escuchamos. Setenta y siete actores del ecosistema turístico: empresarios, gobiernos municipales, gremios, academia y sociedad civil. todos coincidieron en algo: el turismo solo se consolida cuando se construye de manera articulada, con responsabilidad. Cada municipio ha desarrollado una oferta a la medida de sus vocaciones y atractivos: Urabá, Guatapé, el corredor patrimonial de Jericó y Jardín, los charcos del Oriente, la tradición artesanal de Rionegro y La Ceja, entre otros. Lejos de competir entre sí, esa diversidad es nuestra mayor fortaleza para proyectarnos hacia los mercados internacionales.

Turismo es infraestructura: Turismo es conectividad. Turismo es formación de quien recibe al visitante. Y es, sobre todo, gobernanza: una visión concertada de largo plazo que trascienda periodos electorales, para que la promoción tenga detrás un sistema y deje huella. Eso beneficia a quien visita y, sobre todo, a quien recibe: los operadores, las comunidades, todo el ecosistema que vive del turismo.

Le hemos planteado al Gobierno Nacional priorizar a Antioquia como nodo de desarrollo y catalizador para las regiones, un referente del trabajo de articulación. Con ProColombia, Fontur y el Viceministerio de Turismo trabajando de la mano, las acciones dejan de quedarse en el papel: se concretan, se construyen, se vuelven realidad. Eso es hacer que las cosas pasen. Medellín crece cuando crecen las regiones. Esa es la premisa de este acuerdo y de la ciudad- región que queremos construir: más competitiva, más conectada, con una sola voz para presentarle al mundo a Medellín y Antioquia como una oferta conjunta y coordinada. Un destino que suma, que se piensa en grande y que sale a competir con los mejores del continente. Al turismo le sobran diagnósticos y promesas. Lo que le falta son instituciones capaces de ponerse de acuerdo y cumplir. Ese es el valor de esta firma: convierte la voluntad en compromiso y el compromiso en tarea. El futuro se construye con decisiones como esta. Hoy, en Antioquia, el turismo firma su futuro.

Juliana Velásquez Rodríguez……. presidenta ejecutiva Proantioquia..agosto 2026.

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INDEPENDENCIA ES LIBERTAD

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Son muchas las independencias que hay para celebrar este 20 de julio. Esta vez, además, celebramos dentro de una montaña: en el Túnel del Toyo, donde 9,7 kilómetros de roca se convirtieron en camino.

El 1 de junio de 1926, cerca de la Facultad de Minas, en Robledo, arrancaron obras de la carretera al Mar. No fue el sueño de un solo hombre: Antioquia conformó la Junta Propulsora, con Gonzalo Mejía a la cabeza, y la Gobernación de Antioquia puso $8 millones mientras la Nación aportó 9,3 millones. El camino no fue recto: una firma extranjera abandonó la obra, llegó la crisis mundial de 1929, y la Nación solo la asumió tras visita del presidente López Pumarejo. Ni siquiera los sueños grandes avanzan sin tropiezos: avanzan a pesar de ellos. En 1949, Gonzalo Mejía defendía por radio una obra bajo ataque: “Aún hoy, cuando solo faltan 52 kilómetros para llegar al mar… se han levantado voces que atacan la construcción de la vía por todos los medios.” La carretera se inauguró en 1955. Mejía murió poco después, y Turbo le levantó un busto con la mano señalando el mar. El sueño de futuro no terminó ahí. Antes de morir, el gobernador Fernando Gómez Martínez ya imaginaba dos túneles: uno entre Medellín y San Jerónimo, hoy con su nombre, y otro en Cañasgordas, bautizado Guillermo Gaviria Echeverri. Ese segundo túnel es el que se construye en El Toyo, y es la etapa final del sueño de Gonzalo Mejía. Algunos sueños se heredan hasta que alguien los termina.

Hoy conmemoramos la Independencia en este túnel de 9,7 kilómetros, el más largo de América. Cuando entre en operación, el viaje entre el Aburrá y Urabá pasará de casi 8 horas a 4. Es la pieza que le faltaba a la Vía al Mar Gonzalo Mejía Trujillo, que con casi 38 kilómetros, 18 túneles y 31 puentes conecta al Aburrá con el Urabá antioqueño y el Caribe. Los estudios arrancaron en 2002, el contrato en 2015, las obras en 2018, y el cale se logró en 2023, con 8.000 obreros e ingenieros. Cuando el tramo de la Nación quedó en riesgo, la Gobernación y la Alcaldía de Medellín lo asumieron. Cien años, varios visionarios, cinco gobiernos, un mismo sueño: así se construyen independencias que de verdad importan, por relevo, no por milagro. Independencia es también libertad para aportarle al país a pesar de las dificultades.

Celebrar la Independencia es celebrar la posibilidad de que haya desarrollo, de que las empresas crezcan, de que la infraestructura permita que por las vías transiten el desarrollo económico y el bienestar de las personas, la posibilidad de conectarse con las oportunidades. Autonomía regional para el futuro de la Nación. Que al llegar al final de un túnel nos encontremos con la luz como señal de futuro. Ninguna nación es libre si sus regiones no lo son. Independencia es poder conversar de tú a tú con un gobierno que respete a las regiones, que las potencie, y que reconozca la riqueza que hay en la diversidad. Un gobierno para toda Colombia.

No se trata de más autonomía para separarnos. Se trata de autonomía que nos une. Hoy, día de la Independencia, El Toyo nos demuestra que cuando pensamos en décadas y no en periodos de gobierno, las cosas pasan. Esta independencia no se declara: se cava, se pavimenta y, al final, siempre encuentra la luz. Independencia es libertad. Independencia con coraje, resiliencia y responsabilidad es garantía de futuro.

Juliana Velásquez Rodríguez… presidenta ejecutiva Proantioquia

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