Gracias a los libros

Querido Gabriel, mi afición por la lectura se afianzó con una de esas pesadillas de infancia,que son, de lejos, los peores sueños. Gritaba aterrorizado mientras mi papá intentaba calmarme por todos los medios. Entraba en mi habitación, me abrazaba y me acompañaba a quedarme dormido, pero apenas me profundizaba y se iba, continuaba la pesadilla, como una película a la que le hubiesen puesto pausa. De pronto, se le prendió un bombillo que cambiaría mi vida para siempre. «A ver, hijo», se sentó en mi cama, «coge este libro y comienza a leer en voz alta».

Fue como hacer un antiguo palimpsesto. En las épocas en que el papel era escaso, para escribir un libro se tomaba uno viejo, menos importante, y se comenzaban a raspar las palabras con una cuchilla para darle espacio al nuevo texto. Con ayuda del entrañable libro de Alejandro Dumas, El Conde de Montecristo, mi mente apartó al horror y los monstruos y los reemplazó con heroísmo, resistencia, honor, amistad y bondad. De la mano de mi papá y metido en los zapatos de Edmundo Dantes, supe que, incluso como víctimas del odio y la violencia, podemos, apelar a la justicia y la generosidad y encontrar en el amor una respuesta a nuestros ruegos. ¿Hablamos del poder de los libros para forjar nuestro espíritu?.

Con Crimen y Castigo me enfermé unos días ; sentí el ardor en las entrañas del hombre culpable y comprendí mi absoluta incapacidad para matar…Con Dickens lloré de soledad y supe que la desgracia más grande es la avaricia. Roberto Bolaño, el escritor chileno, contaba que había sido muy pobre, y que una buena parte de su vida había transcurrido en el nomadismo: «Leer ha contrapesado esa pobreza y ha sido mi soberanía y ha sido mi elegancia», afirmaba. Demos gracias a los libros porque hacen contrapeso a las durezas de la vida y nos otorgan la libertad e identidad.

Aprendí a querer, a mi manera, de la mano de los poetas. Me marcaron Huidobro, con su: «¿Irías a ser ciega?/ que Dios te dio esas manos?» y Pizarnik quien en uno de sus diarios propuso un amor para «Tener todos los libros de poesía que existen en el mundo». Previó, para ese mismo cariño afortunado, un futuro como este: «… diremos tantos poemas que nuestras lenguas se incendiarán con rosas» . Sin la lectura, que va mucho más allá de unos buenos versos e incluye lo más sensible de la experiencia humana, como la naturaleza y la música, el amor sería, quizá, un tanto obsceno y bastante insípido.

Cuando hago una pausa con el fin de observar desde la distancia el país que tanto amo y sufro,doy gracias a los libros que nos enseñan que, más allá del miedo, hay un porvenir mucho más justo y sin lugar a dudas más bello. El mundo del futuro que todos llevamos dentro. Hagamos una tertulia para agradecer por sus herencias y regalos a los libros de nuestra vida; habrá motivos diversos y leeremos nuestros fragmentos favoritos. Provoquemos la tertulia con estos versos de Hesse: «Ninguno de los libros de este mundo/ te aportará felicidad/ pero secretamente te devuelven/ a ti mismo». Somos, de alguna manera, nuestros amados libros, existimos gracias a ellos, de sus páginas emerge nuestra más pura esencia.

David Escobar Arango……..El Colombiano….junio 2024

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