Inteligencia Artificial: la conversión del momento

Max Tegmark, considerado por Forbes como uno de los diez hombres más influyentes del mundo en el año 2007, describe así todas las discusiones que rodean a la inteligencia artificial y los profundos cambios que comienza a generar su acelerado desarrollo en todas las culturas del mundo.

Diariamente usamos un promedio de treinta aplicaciones de Inteligencia Artificial (IA). Desde los mapas satelitales para la conducción de nuestros vehículos, los motores de búsqueda y las recomendaciones de música y destinos turísticos que aparecen luego de un desprevenido click en un enlace, hasta los grandes modelos de lenguaje, los creadores de imágenes y las traducciones simultáneas de audio en cualquier idioma con voces sintéticas.

Sin embargo, confundimos inteligencia artificial con estas herramientas. No discernimos el porqué de tanto alboroto alrededor de una nueva revolución tecnológica, comparable a la aparición de las máquinas a vapor, la electricidad o internet, y es aquí donde la gran mayoría de personas y gobiernos del mundo se equivocan. La IA retará la supremacía de nuestra especie como la inteligencia dominante en el mundo por primera vez desde la aparición del Homo sapiens hace unos 300.000 años.

La inteligencia artificial tiene tres etapas, conocidas por sus siglas como ANI, la AGI y la ASI. Actualmente estamos en la primera etapa, a la que también se le llama IA débil, en la cual los desarrollos giran alrededor de trabajos repetitivos en áreas especializadas, asistentes virtuales y robots en cadenas de producción. Poseen poca o ninguna memoria y nos resultan muy útiles y productivos.

La llegada de la segunda, la inteligencia artificial general (AGI), ya es otra cosa y para muchos no va a ser tan divertida. Originalmente proyectada para el año 20250, su advenimiento se ha acelerado de tal manera que su debut oficial se calcula en meses. Se trata de una «inteligencia artificial» que reconoce nuestra «inteligencia orgánica» y que podrá realizar cualquier actividad intelectual que realizamos los humanos, superándonos en la gran mayoría de ellas. Su impacto inicial se calcula en más de 300 millones de puestos de trabajo perdidos, un 400% más de los que se espera que genere.

Finalmente está la ASI, la súper inteligencia artificia, «el temido coco». Superior a nuestra inteligencia humana global combinada, se trata de una inteligencia que cobra conciencia de sí misma. Es a ella a quien los grandes nombres de esta industria como Ray Kurzweil, Geofrey Hinton, Juval Harari, Elon Musk y Eliezer Yudkowsky, que con otros mil CEOS y académicos firmaron la solicitud de detener los desarrollos de IA el año pasado, en un esfuerzo por alinear a la inteligencia artificial con nuestras metas como civilización.

DE otro lado, la geopolítica no parece ayudar a esa alineación y sobre el tablero tres grandes jugadores: la UE apostándole al código abierto. Estados Unidos a la libertad de mercado y China a la oportunidad de tener el arma más peligrosas de la historia.

¡Comencemos nuestra conversión!

Carlos Alberto Acosta (CAL)… El Colombiano.. abril 2024

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