26 lineas

Lunes, 23 Diciembre 2019 15:56

Prepararnos para la Navidad

¡El advenimiento es un tiempo maravilloso! La ocasión de prepararnos a la Pascua de Navidad, la “encarnación del Hijo de Dios”. Es un tiempo de examen y conversión, con expectativas de alegría y esperanza de salvación y liberación.

Posee, igualmente, el sabor misterioso dl tiempo de la navidad, que coincide con el final de un año laboral, cuando hacemos balance de resultados y nos disponemos para otro ritmo de vida, esencial. Es tiempo para enderezar tantos caminos torcidos y corruptos; para el encuentro con Dios en familia…y “volver a casa” para Navidad. Es tiempo de allanar- purificar-limpiar el camino y disponernos al descanso, a la alegría y gozo de la vida, porque llega NAVIDAD.

A todas luces, advenimiento- navidad, es un tiempo “Divinamente sagrado”; centrado en la tierna figura de un Dios –niño, que acompaña nuestra vida y caminar. Un Dios- niño que orienta la mirada hacia los auténticos valores humanos, frescos y novedosos; contagiándonos de gozo y paz, al vivir en la sencillez, ingenuidad y transparencia de un niño. Un Dios-hombre, quien desde su fragilidad re-crea la vida; renueva nuestros años desgastados por tantos afanes y ruidos inútiles; por tantos gritos desesperanzadores y desconcertantes como los que solemos manejar a lo largo de un todo un año, reflejando nuestra dificultad y resistencia para una convivencia en paz. Tiempo para que, aceptando nuestras diferencias, con el deseo sincero de unirnos, desde la diversidad, vivamos en términos de justicia y equidad, de amor y paz.

Qué deseable sería aceptar esta propuesta de conversión y enderezar nuestros caminos, allanar las dificultades y obstáculos, producidos ideológica y realmente por siembra de tanto odio y rencor, y amablemente pudiéramos volver a experimentar el amor que Dios nos ofrece día a día en nuestros hermanos.

Qué maravilloso sería que hiciéramos un pacto de Navidad dejando de pensar sólo en nosotros mismos para pensar en los demás. Que en nuestras relaciones a todo nivel: personales y comunitarias, institucionales y políticas, nos dispusiéramos “limpiamente” como un niño, sin tanto razonamiento crítico y criticón; a facilitar para todos, por diversos que seamos, caminos de vida, reconciliación, paz y perdón. Qué bueno que pudiéramos dejar de “mordernos” en todo momento, en todo espacio y lugar; con todos los “medios”, como lo venimos haciendo hasta ahora. Qué bueno sería experimentar que las “redes”, nos ayuden a tejer y no a enredar la vida. Que esas redes que establecemos a todo tipo y función… sean para ayudar y colaborar, y no sigan siendo el instrumento perverso, “oculto” para acabar, destruir y arrasar.

Esta invitación a terminar este año así, después de tantas agitaciones como hemos estado viviendo en estos días, no pretende ocultar- ignorar, las realidades y verdades que debemos asumir todos. Pretende hacer más amable nuestra vida como colombianos, hacer nuestras propuestas y voces más viables y posibles, porque las esperamos, como esperamos el don sagrado de la “vida nueva” para Navidad.

Padre, Mario Franco S.J … El Colombiano, diciembre 2019

 

Publicado en 26-LINEAS
Jueves, 21 Febrero 2019 16:09

¿Qué queda de nuestros valores?

¿Por qué los valores tradicionales de nuestra cultura paisa se han distorsionado y reemplazad por otros de poco valor ético, lógico, empático y estético? “Casi todos nuestros héroes paisas han defendido valores como pujanza, la disciplina, el trabajo, la familia y la resiliencia, entre otros. Pero nuestros antihéroes también lo han hecho; es decir, en nombre de estos valores se han realizado grandes gestas, y también han sido el origen de grandes desgracias: ilegalidad (entre ellos el desconocimiento del Estado y sus normas), intolerancia social, narcotráfico, guerrilla y paramilitarismo, entre otros. Lo que se ha validado por la cultura del “todo se vale”, o sea desde la ‘legalidad acomodada’. En esta línea, nuestra sociedad de pretendidas herencias nobles, tiene una vara benévola para medir los héroes que perdieron su norte, los de nuestro segmento sociocultural y a nosotros mismos; y otra vara más severa para aquellos antihéroes sin ‘nobleza’ y para aquellos paisas de otros segmentos sociales. Algo hace falta entonces en nuestros pretendidos valores.

Lo único que permanece es el cambio, antes de que Heráclito lo dijera, por ello los valores mutan con los nuevos escenarios que nos trae el azar de la historia, lo importante es que lo esencial en ellos permanezca, lo que es más cercano a la ética, a la moral, al conocimiento y al humanismo”

Por ello cabe preguntarse qué caminos necesitamos recorrer para rescatar valores ancestrales como trabajo decente y el valor de la palabra, y desarrollar valores posmodernos, tal como lo impulsan las nuevas generaciones, como pueden ser el respeto a la diversidad sexual y de creencias, por nombrar sólo dos ejemplos, buscando una combinación armónica que nos permita respetar y reconocer al otro en uno mismo, como dice el filósofo Dan Zahavi al referirse a la empatía: “Cuando miramos a los otros, nos encontramos tanto con ellos como con nosotros”.

No existen ‘valores valiosos’ si no están fundamentados en aquellos que como notas musicales básicas permitan una armonía mínima de humanismo. Y esta historia de dichos valores empezó antes del homo sapiens y el ‘homo paisa’. La antropología y la psicología evolutiva demuestran que cuando los homínidos vivieron con alguien más que su pequeña familia, logrando con otros los inicios del cultivo (cultura), desarrollaron en su mente propiedades empáticas, ultraístas, cooperativas y reconciliadoras. El humano no estaba solo y ya era un ser gregario necesitado de los demás.

¿Qué debemos incluir en la nueva canasta básica de los valores paisas? Todo valor que tenga intrínseco el respeto el respeto por el otro (por todos), la empatía y el humanismo; el respeto por uno miso en la honestidad y la decencia; todo ello cimentado en el respeto absoluto y sin estrato, por las normas en las cuales la humanidad ha decantado el desarrollo de sus valores: la legalidad y civilidad.

Jorge Duque. Periódico El Colombiano, febrero 2019

Publicado en 26-LINEAS