26 lineas

Martes, 29 Junio 2021 14:15

La sinfonía de Mutiscua Destacado

La sinfonía de Mutiscua Foto cortesía

Las pinturas del francés Claude Monet o las del colombiano Gonzalo Ariza, llamado el “Pintor de los Andes”, a pesar de ser hermosas y del goce estético que produce contemplarlas, no serían suficientes para transmitir la belleza que se siente cuando uno ve los paisajes de Mutiscua, de donde viene mi mamá, ni de Chitagá, ni de Silos. Esa sinfonía de colores que dan los cultivos de hortalizas parece, por la sensación que causan, que las hubiera plasmado un pintor superior. Y son reales, están vivas y se pueden tocar junto con esa negra tierra que generosamente nos da sus frutos.

Y es que esas tierras prodigiosas dan de comer a Cúcuta, Pamplona, Bucaramanga y a medio país. De Mutiscua, salen 70 camiones diarios de hortalizas para Colombia y otro tanto de Chitagá y Silos.

Esa región, sin destruir la tierra, sin megaminería, nos está dando ejemplo de cómo se salva una Nación. Con trabajo y con cultivos que nutren. A pesar del desprecio al campo y a los campesinos, a pesar de las dificultades en sus caminos, carreteras y precios, sus productos llegan a las mesas de los colombianos.

Cuando íbamos con mi papá a la finca familiar cerca de Mutiscua pasábamos por una hermosa hacienda, “La Caldera”, donde dicen que enterraron parte del tesoro donado por las matronas de Pamplona a los ejércitos de Bolívar. Trabajaba allí un alemán llamado don Adolfo. Mi papá entraba a saludarlo y a llevarle tabaco y brandy. Él, ese señor venido después de la Segunda Guerra Mundial, fue el que ayudó a los campesinos a mejorar el cultivo de las hortalizas e introdujo el rábano, la remolacha, el ruibarbo y los berros que acompañan hoy nuestras comidas. Mis hermanos Elberto y Javier dicen que el alemán trabajaba de lunes a sábado, día en el que se vestía elegantemente y se iba al pueblo hasta el domingo a emborracharse con aguardiente. Ya tarde, embriagado y dando tumbos, volvía a su casa. El lunes madrugaba y desayunaba con cordero a medio asar y berros y verduras crudas y volvía a sus cultivos que hablaban por su alma solitaria.

Gracias a él esos pueblos hermosos y generosos, en medio de esa clima donde la niebla nos hace creer en ocasiones que hay fantasmas, mejoraron su agricultura. Son los campesinos de esas montañas los que hacen patria, más patria que los burócratas ladrones y los presidentes inútiles.

Donaldo Ortiz Latorre… Vanguardia Liberal… junio 2021

Visto 8776 veces Modificado por última vez en Martes, 29 Junio 2021 14:20